Economía

Diferenciar algunos productos del agro es desarrollar las economías regionales

La relación entre el origen y la calidad de algunos productos se ha desarrollado, a lo largo del tiempo, y así, conformándose una forma de diferenciación en los productos.

Cuando los compradores y comerciantes cayeron en la cuenta de la existencia de ciertos productos provenientes de zonas identificables, que reunían cualidades particulares, empezaron a denominarlos por el nombre geográfico de su origen.

Este es el caso de los productos con Denominación de Origen Controlada (D.O.C). ¿Un ejemplo conocido a nivel internacional?: el Champagne, un vino espumoso que puede llevar tal nombre exclusivamente cuando es originario de la región de la Champaña, en Francia.

Este tipo de productos es el gran desafío que debe afrontar, de una vez por todas, la economía argentina. Pues no sólo se trata de producir, también se trata de diferenciar.

Si bien el marco regulatorio no resulta tan estricto como en el Viejo Mundo, la realidad es que algo se ha avanzado en este sentido, y de esta forma el país ahora tiene una cierta experiencia al respecto. Así las cosas, en materia de vinos, hoy existen dos D.O.C. Una es la de Lujan de Cuyo, desde el año 2005, y otra, la de San Rafael, desde el año 2007. Vale preguntarse porqué no hay más productos con DOC. ¿Qué ha pasado desde el 2007 a la fecha? Parece, una vez más, una oportunidad desaprovechada.

Es de esperar que las autoridades correspondientes, que ahora se han propuesto agilizar todos los trámites ligados a la cadena agroindustrial, operen en consecuencia.

La DOC conforma una importante estrategia agroalimentaria. Es un instrumento de diferenciación que detalla el nombre geográfico, el nicho ecológico y el proceso-producto, (referido a los métodos de producción y/o de elaboración-industrialización / acondicionamiento). La D.O.C. significa la existencia de organismos controladores que aseguran y avalan el cumplimiento de las normas que la reglamentan. Por ello, es un producto con valor agregado.

Con la DOC, un producto es original, específico, irreproducible y único, de modo que no puede obtenerse en otra área geográfica del mundo. No se puede repetir por cuanto es inimitable por naturaleza y, a lo largo de toda la cadena de valor, conserva su identidad.

En este tipo de productos, el atributo de los recursos humanos, entendido como la resultante de un conocimiento colectivo, incide directamente en el carácter de todas las transacciones desde la producción agrícola hasta la satisfacción del consumidor. Tal satisfacción está dada en el mismo plato de la mesa donde se ingiere.

La DOC, a lo largo de la cadena de valor, establece un objetivo común entre sus integrantes, así es que los productores, elaboradores, gourmets y comerciantes se unen, con el fin de alcanzar y mantener un producto de extrema calidad.

Al asociar tras un mismo objetivo a los integrantes de la cadena y al disponer que todos los partícipes deban realizar sus actividades en la región comprendida por la DOC, el excedente queda en ésta, y las inversiones, el crecimiento, el empleo y la mejora de la calidad de vida, también.

De esta forma, prácticamente la totalidad de los eslabones de la cadena de valor permanecen en el terruño. Por ello, las DOC son formadores de auténticos polos de desarrollo y crecimiento regional. Además, promueven las exportaciones, porque constituyen un instrumento de comercialización que permite acceder a otros mercados en los que ya son conocidas y ampliar las relaciones comerciales.

En esta nueva etapa, la cadena agroindustrial debería ser prioritaria en la política agrícola, dada su enorme incidencia en el desarrollo regional. Es hora de recoger el guante, con decisión y firmeza.

Manuel Alvarado Ledesma, para Infobae.

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