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Desafío 2020: Cosechar el agua

En la región semiárida el balance hidrológico es negativo, esto quiere decir que las precipitaciones anuales no cubren los requerimientos atmosféricos. En estas regiones, donde contamos con una marcada estacionalidad de lluvias, es fundamental ser capaces de diferir los excesos para los periodos de carencia y estabilizar de esta forma los sistemas de producción.

Los eventos meteorológicos de lluvias esporádicas, en muchos casos son superiores a la capacidad de infiltración de los suelos, lo que produce escurrimiento de excedentes. La capacidad para retener el agua de lluvia en el lugar donde cae, con prácticas ingenieriles y agronómicas de control de escurrimientos, es la principal estrategia para recargar el perfil del suelo, aumentar y estabilizar los rendimientos y conservar el recurso. Estas prácticas, de distintos niveles de complejidad, pueden comprender desde simples alternativas estratégicas como el tipo de rotación, el porcentaje de gramíneas o siembras cortando la pendiente hasta obras ingenieriles como las terrazas agrícolas de absorción, los canales de desagüe y en algunos casos complementadas con micro embalases de retardo temporario.

Este fenómeno tiene dos perspectivas, aguas arriba un productor que tiene déficit hídrico en algunos periodos del año, deja ir abundantes cantidades de agua que pierde como excedente. A medida que estos excedentes corren aguas abajo producen deterioros en los suelos iniciando procesos de erosión hídrica, colmatan caminos y perjudican obras de infraestructura vial y rural. Continuando aguas abajo, otro productor recibe excedentes ajenos a su campo que en algunos casos son superiores a los naturales, generándole problemas de difícil solución a nivel predial.

Según la perspectiva de la Oficina de Riesgo Agropecuario, en la campaña 2019/2020 existe una alta probabilidad de presentarse el fenómeno Niño a Neutral. Bajo este escenario, aumentar la infiltración con obras de sistematización de suelos y siembra en terrazas agrícolas aumenta los tiempos de concentración de excedentes, disminuye los picos de escurrimiento, posibilita la mayor infiltración del agua de lluvia y disminuye su capacidad de daño con la consiguiente recarga del perfil.

Cosechar agua es cosechar más grano. Según distintos estudios por cada milímetro de agua por hectárea se producen en promedio 18 kg de maíz, 9 kg de soja u 8 kg de trigo. Existiendo una gran cantidad de estrategias para potenciar las prestaciones ambientales, adoptar estas medidas es una decisión que no debe hacerse esperar.

Ing. Agr. Jorge Raspanti

CONSERVAGRO

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