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martes, junio 15, 2021
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Desechos de yerba mate para fertilizante orgánico

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El 1,5% de la producción yerbatera es desecho industrial no apto para consumo, pero con potencialidad para usarse como fertilización orgánico.

La actividad yerbatera, base de la economía de los agricultores del nordeste correntino, actualmente está buscando alternativas de diversificación, para paliar sus recurrentes crisis. Motivo por el cual Científicos del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de los Alimentos (CIDCA, UNLP-CONICET) elaboran sistemas de encapsulación para la liberación controlada de fertilizantes, con desechos de la producción de yerba mate.

“En el proceso de producción de la yerba mate, el 1,5% de lo que se produce es desecho industrial y no es apto para el consumo humano”, declaró la doctora Lorena Deladino. Y en la misma línea agregó que “esto genera una gran cantidad de residuo orgánico en polvo, con potencial de ser tratado y utilizado como abono orgánico y que actualmente no es aprovechado”.

El uso de abonos orgánicos para mejorar las cualidades físicas, químicas y la bioestructura del suelo es una práctica antigua y de valor comprobado. Constituye una fuente de carbono para los microorganismos, mejora la capacidad que tiene el suelo para retener y liberar iones positivos (por ejemplo minerales) del suelo, a través de una mejoría de la porosidad y la retención de humedad en el mismo.

La aplicación directa del polvo en los cultivos no es viable debido al reducido tamaño de partícula lo cual dificulta su dispersión, y en base a este escenario, el empleo de subproductos de la industria yerbatera en el desarrollo de sistemas de encapsulación para la liberación controlada de fertilizantes se presenta como una alternativa de reciclaje de bajo costo.

La doctora Aline Schneider Teixeira, también a cargo del proyecto señaló que “las altas concentraciones de fertilizantes pueden producir efectos colaterales como daño a los cultivos o contaminación de las napas de agua”; y que su éxito depende principalmente de la posibilidad de sincronizar la provisión de nutrientes con las demandas de la planta.

“En este sentido, la liberación controlada de los nutrientes puede resultar una solución adecuada, permitiendo la disponibilidad continua, aumentando la productividad agrícola, eliminando la necesidad de aplicaciones extras y reduciendo los costos”, resaltó la científica.

Por su parte, Deladino describió que la encapsulación es una tecnología mediante la cual se logra proteger materiales activos con biopolímeros que actúan como recubrimientos y facilitan su dosificación, su liberación en forma controlada y su manipulación industrial. Los materiales usados para la encapsulación pueden ser biocompatibles y biodegradables, a menudo también, son subproductos industriales Entre ellos se encuentran el almidón nativo y modificado por distintos procesos, quitosanos, alginatos, gelatina, derivados de la celulosa, etc”.

Vía. Campoenaccion

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