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jueves, febrero 25, 2021
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El campo es Messi

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Por Carlos Eschoyez

Desde que yo era un niño, escuchaba la voz de mi padre que me decía: “EL ÚNICO QUE VA A SACAR A ESTE PAÍS ADELANTE, ES EL CAMPO…”

Pasaron los años y ante cualquier contingencia económica que sucedía en la Argentina, el campo siempre resolvía. Entendí que no sólo era el campo, sino también sus actividades relacionadas, como la actividad industrial, sobre todo aquella que produce maquinaria e implementos agrícolas.

Luego supe que la construcción, también producto de las ganancias del campo, generaba un movimiento económico de gran importancia para las inversiones de este dinero, ya sea por inversiones, o porque los hijos de quienes viven en el campo necesitaban lugares donde vivir cuando éstos se trasladaban a las grandes ciudades a continuar con sus estudios universitarios, entres otras cosas.

También la producción de vehículos era parte de ese “derrame”, como por ejemplo camiones, camionetas y vehículos de uso particular.

Son muchas más las actividades que se ponen en marcha a partir del trabajo del campo, ya sea a través de grandes extensiones de soja, maíz, trigo, etc. como también de las llamadas economías regionales.

Con esto quiero decir que el campo es un gran distribuidor de recursos, o en términos futbolísticos, le da redondas y al pie a otros grandes jugadores, después de hacer el mejor gol del partido.

Como Messi, que no puede hacer todo en la cancha, ni puede ganar partidos él solo.

Necesita estar rodeado de buenos jugadores, que comprendan sus tiempos, que sepan a dónde tiene pensado dar el pase, incluso que no se molesten si decide encarar y hacer el gol por su propia cuenta.

Como Messi, el campo necesita estar rodeado de buenos jugadores para hacer un verdadero equipo que nos haga ganar a todos.

El campo – Messi, necesita entonces de, por ejemplo, la mejor infraestructura.

Si hablamos de rutas, no se puede entender que en estos tiempos, la mayoría de ellas tienen uno o dos carriles para que circulen camiones con acoplados con la carga hacia los puertos. Hemos visto en varias ocasiones la tristísima imagen de los tamberos empantanados en caminos de barro arrojando la leche porque no podrán llegar a las plantas. Y no pueden llegar, porque las obras de desagües se demoran y recién se acuerdan de poner manos a la obra cuando…comienza a llover! Siempre corriendo detrás del problema.

Ya que mencionamos los puertos, deberían ser los mejores del mundo, si queremos que el mejor jugador haga sus goles en el exterior.

Si hablamos del exterior, habría que mandar a nuestros mejores representantes a los países que necesitan de lo producido por el campo, ya sean materias primas o sus productos con valor agregado.

Tampoco los créditos en Argentina son de lo mejor que necesita el campo – Messi, para desarrollar su juego.

Cuando hablamos de transporte, los trenes (“ramal que para, ramal que cierra”), no llevan ni cerca lo que deberían transportar hacia los puertos, por cuestiones de disponibilidad. No nos olvidemos que han sido muchos los ramales que muy de a poco se van reinsertando en la logística agropecuaria.

Pero lo más complicado de este equipo, es que tanto entrenadores como dirigentes, no le ofrecen reglas claras. Los hacen jugar con reglamentos que cambian día a día, les mueven el arco, se los achican, o se los corren, pero nunca trabajan con reglas claras.

Al campo – Messi, se le pide en momentos en que va perdiendo 3-0, faltando 5 más el descuento y encima, que “gane” 5-3.

El campo ganará el torneo cuando el equipo juegue en función del campo – Messi, cuando esté bien rodeado, cuando todos entrenen con la misma responsabilidad, cuando lleguen a horario a las prácticas, cuando tengan todos los elementos, cuando el club se llene de socios y cuando la hinchada aliente, aún cuando estemos perdiendo 3-0, sabiendo que el responsable está sentado detrás de un escritorio tomando decisiones equivocadas y el técnico es lento para hacer los cambios.

Con todo esto (y faltan muchas más cosas), no le pidamos milagros al campo. A Messi tampoco. Igual, mi padre no estaba equivocado.

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