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El clima está cambiando. La alimentación y la agricultura también

En la primera línea del cambio climático, los efectos son reales y medibles. A medida que el cambio climático evoluciona, la agricultura y la alimentación tienen que seguir el mismo camino.

El aumento de las temperaturas, los cambios en las precipitaciones, los patrones climáticos erráticos y la prevalencia de plagas y enfermedades causadas por el cambio climático amenazan la productividad agrícola y por tanto perjudican a la seguridad alimentaria mundial.

Al mismo tiempo, la población mundial crece de manera constante y se espera que llegue a 9 600 millones de personas en 2050. Para cubrir una demanda tan grande, los sistemas agrícolas y alimentarios tendrán que adaptarse a los efectos adversos del cambio climático y hacerse más resilientes, productivos y sostenibles.

Todos tenemos un papel que desempeñar para mitigar los efectos del cambio climático. Tú también puedes ayudar a reducir tu huella ambiental siendo un consumidor consciente o ético y cambiando simples decisiones cotidianas -por ejemplo, desperdiciar menos alimentos, o comer menos carne y más legumbres nutritivas, reciclando…

Uno de los mayores problemas relacionados con el cambio climático es la seguridad alimentaria. Las personas más pobres del mundo, -muchas de las cuales son agricultores, pescadores y pastores-, están siendo los más afectados por las altas temperaturas y el aumento de la frecuencia de desastres relacionados con el clima.

¿Lo sabía?

La ganadería es responsable de casi dos tercios de los gases de efecto invernadero agrícolas (GEI), y del 78% de las emisiones de metano agrícolas. La FAO trabaja con los países para mejorar la gestión del ganado y mitigar los efectos del cambio climático. Vea aquí como la diversificación en la producción ganadera puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático.

El impacto negativo del cambio climático en los recursos naturales -desde la disminución del suministro de agua de calidad a nivel mundial y la degradación del suelo-, subraya la creciente importancia de usar estos recursos de forma sostenible. Una adecuada gestión del suelo y los bosques, por ejemplo, puede llevar a la absorción natural de dióxido de carbono, reduciendo así las emisiones de gases de efecto invernadero.

La FAO estima que la producción agrícola debe aumentar en un 60% para 2050 con el fin de alimentar a una población mayor. El cambio climático está poniendo en peligro este objetivo, pero la FAO y sus países miembros están trabajando en diversas soluciones.

Más de un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia. Esto supone alrededor de 1 300 millones de toneladas anuales. El metano emitido por los alimentos en descomposición es 25 veces más potente que el dióxido de carbono.

Para 2050, se espera que las capturas de las principales especies de peces disminuyan hasta en un 40% en los trópicos, donde los medios de vida y la seguridad alimentaria y nutricional dependen en gran medida del sector pesquero. El Código de Conducta de la FAO para la Pesca Responsableorienta a los gobiernos y los actores privados en la conservación y gestión de los océanos, ríos y lagos del mundo.

La deforestación y la degradación de los bosques se calcula supone entre el 10-11% de las emisiones globales de GEI. La FAO proporciona una serie de herramientas para los propietarios de bosques y otras partes implicadas para la gestión sostenible de los bosques.

El mundo pretende lograr el Hambre Cero en 2030: el cambio climático es un reto debe abordarse con el fin de continuar la lucha contra el hambre y alcanzar este objetivo. La FAO ayuda a los países a mejorar el sistema alimentario mundial y alcanzar esta meta.

 

 

Vía: fao.org / https://unfccc.int

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