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El cultivo de soja podría ser mejorado por bacterias

Investigadores de Ingeniería Genética de Microorganismos Benéficos del INTA se enfoca en el estudio de los microorganismos del suelo capaces de incrementar la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

La soja o soya (Glycine max) es una leguminosa cuyas semillas contienen una elevada proporción de proteína vegetal y también hierro, magnesio y otros minerales. De ella se obtienen como subproductos principales aceite y harina de soja. Estos productos se encuentran disponible en grandes cantidades y a bajos precios en el mercado mundial.

La soja se utiliza en la industria alimentaria, como pienso animal y también para la producción de biodiesel. Se utiliza ampliamente para fabricar pienso destinado a alimentar a los animales de cría industrial.

En la década de los cincuenta, herramientas de la biología molecular determinaron que un gramo de suelo puede contener hasta 100 millones de bacterias y, a su vez, unos 200 mil hongos. En esa gran diversidad de microorganismos hay algunos que son neutros, otros tienen efectos benéficos sobre los cultivos, mientras que otros son patógenos y provocan enfermedades.

En línea con la necesidad global de aumentar la productividad de los sistemas productivos, un equipo de investigadores de Ingeniería Genética de Microorganismos Benéficos del INTA se enfoca en el estudio de los microorganismos del suelo capaces de incrementar la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

La fijación del nitrógeno es un proceso clave en la obtención de altos rendimientos en el cultivo de la soja. Gracias a la simbiosis con ciertos microorganismos del suelo, la planta gana habilidad para crecer en suelos pobres.

En el Laboratorio de Ingeniería Genética de Microorganismos Benéficos del INTA -Buenos Aires- investigan las interacciones que se generan entre los microorganismos que viven en el suelo y las plantas. Esta simbiosis tiene como principal función la fijación biológica del nitrógeno, la cual es muy importante para el crecimiento de diversos cultivos de interés agronómico.

«Actualmente tenemos dos líneas de trabajo con nuestro laboratorio, ambas se basan en la interacción del género bacteriano Bradyrhizobium con las plantas de soja», señaló Karen Liebrenz, especialista del Instituto de Investigación Genética del INTA.

Estas bacterias se utilizan como bioinoculantes para las semillas de soja con el objetivo de obtener un mayor desarrollo vegetal de las mismas. «Son productos biológicos a base de microorganismos que se adicionan a los cultivos para mejorar su crecimiento y su productividad, por lo general, antes de la siembra», explicó Liebrenz.

Una de las técnicas más utilizadas consiste en someter a las semillas a un determinado bioinoculante, que es un producto líquido, por lo que los microorganismos quedan pegados a la semilla. Cuando los cultivos llegan a determinado estado de crecimiento, las bacterias comienzan a reproducirse e infectan raíces y forman nódulos donde se realiza la fijación biológica del nitrógeno.

Entre de los aporta del Laboratorio, el equipo pudo determinar que con el paso de los años y debido a una determinada presión de selección estas bacterias perdieron diversos genes, por lo que, aunque siguen manteniendo su efectividad al momento de fijar nitrógeno también generan óxido nitroso. Este compuesto forma parte de los gases de efecto invernadero, por lo que es contaminante.

También estudian cómo los microorganismos pueden defenderse frente a distintos factores de estrés abiótico con los cuales se encuentran en el suelo, ya que afectan el crecimiento de los mismos. Pueden ser compuestos que son generados por el propio metabolismo bacteriano o por el de las plantas, y por la presencia tanto de químicos como de metales.

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