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martes, mayo 18, 2021
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Este es el tambo donde las vacas lucen collares

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Siempre es bueno ver de cerca cómo los tambos trabajan y más aún si la tranquera se abre para mostrar de manera real y a una escala promedio cómo la tecnología colabora con el crecimiento de cada día. 

Siendo el único tambo que sobrevivió a una larga historia lechera en San Vicente, con 235 hectáreas en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe el establecimiento El Chiflón se luce a pesar de la jornada gris que acompañó la recorrida, justo en el límite con Angélica y San Mariano. 

Con distanciamiento social y dispuestos a la charla, Julián y Paulina Alberto empiezan a contar la historia familiar. Fue su abuelo el que emprendió el camino de la lechería, con un socio que hoy sigue participando de esta sociedad. Pero con la pronta partida del iniciador, fue su papá quien de joven quedó a cargo del desafío. Julio desde los 18 años empuja la explotación, intercalando el trabajo con su formación como veterinario, tradición que legó a su hijo, mientras Paulina optó por ser contadora pública y es la responsable de la administración de la empresa

Comenzando por lo reproductivo y sanitario, Julián, con 30 años, se encarga ya de la gestión de un tambo puro sin sostén en la agricultura, uno de esos establecimientos que define a la cuenca lechera. Julio supo dejarle lugar a sus hijos para la toma de decisiones, aportando la mirada de la experiencia, pero entendiendo que la innovación es fundamental para la continuidad de la tarea

“Este es un tambo semi-pastoril, porque las vacas pastorean dos veces por día además del suplemento que les damos, con mixer en los potreros y la dieta especial en los comederos que hay en el tambo. Tenemos 290 animales totales y 252 en ordeño, además de la recría y las vaquillonas”, detalla Julián explicando los ocho mil litros diarios promedio en el último mes, habiendo subido desde el verano, cuando muchas vacas estaban secas por los partos estacionados a partir de marzo, aunque un pequeño lote tuvo la parición en enero

“Charlando un poco con colegas y la gente que nos asesora, el año que viene no vamos a ir tanto por la estacionalidad tan marcada, al contrario de lo que piensa todo el mundo”. Para no tener vaivenes en la cantidad de litros y con confort animal asegurado, será el que viene un verano diferente, para probar una manera propia de organizar los partos, pero también una manera de bajar los costos en el día abierto hasta que se vuelvan a preñar las vacas, porque pueden ser entre 120 y 160 días en condiciones estresantes por los días de mucho calor.  

“Si tenemos las condiciones para tener bien a los animales, no sé por qué hay tanto miedo con los partos en verano”, reflexiona, mientras recorre los lotes de las que ya están preñadas y tendrán los terneros entre diciembre y febrero; y las terneras que esperarán hasta marzo. 

No es la primera explotación manejada por las nuevas generaciones de productores que ven de otra manera a la lechería. Agrofy News estuvo ya en el tambo de los Alquatti, de los hermanos Imhoff y ahora los Alberto. “Nuestro papá es más conservador, pero en algunas cosas entendemos que es prueba y error” analiza Paulina, sabiendo que en el tambo hay diferentes formas de hacer las cosas, pero la mayoría ya fueron probadas y simplemente hay que saber adaptarlas. 

Monitoreo

Durante el último año los cambios en el establecimiento fueron muchos. Un nuevo galpón que incluye al corral de espera y a la fosa, suplieron a la sala anterior que tenía 300 metros cubiertos, con capacidad para 150 vacas, llegando ahora a 18 por 23 metros, en un solo módulo con techo alto y de 12 pasaron a 16 bajadas, con un ingreso de 45 grados de angulación, con el formato de espina de pescado que permite que se acomoden solas. 

Lo más reciente fue la instalación del piso de goma bajo techo, e incluso en la fosa para mejorar las condiciones de trabajo del personal y para brindar más bienestar a los animales. Da gusto caminar por la sala, entre animales mansos y curiosos. 

Con collares Allflex Heatime Pro+, el control de la actividad de los animales y la rumia, permiten tener índices de salud y fertilidad, a través del reporte por minutos de cada medición, lo cual permite organizar el trabajo, atender los problemas que se presenten de una manera más ágil y así conseguir el repago de una inversión que puede ser alta, pero que retorna con el aprovechamiento de este monitoreo constante, en un plazo menor al año, aproximadamente. Esta tecnología tiene una vida útil estimada en siete años y permite justificar de muy buena manera su compra. 

Todas las vacas en ordeño los tienen, salvo las que son de rechazo y siguen en el esquema productivo, pero que no tienen indicación reproductiva, al tiempo que las vaquillonas que sí están esperando los servicios también los tienen activos. 

“Nosotros estábamos bien ordenados, por eso lamento no haberlos puesto antes, porque nos demanda mucho más trabajo genuino. Se pueden descubrir antes las vacas enfermas, levanta muchísimo la tasa de detección de celos. Ordena el tambo si uno tiene deficiencias”. 

Julián y Paulina reconocen el valor de poder medir muchas más cosas dentro de la explotación e incluso cuentan con una puerta apartadora para separar los animales al momento del ordeño. 

Todo se combina con retiradores automáticos, ecógrafo, comederos automáticos, ventiladores con aspersores, para dos ordeños diarios con una duración de 2:15 cada rutina, a las 3 de la mañana y a las 15 horas, para aprovechar la síntesis solar en las pasturas, que hacen que se sostenga el horario y así lograr 31 litros en promedio por animal. 

Organización 

La explotación combina el uso de la tecnología con un buen manejo de los recursos humanos. Una familia controla el tambo y la alimentación de los animales, siendo seis personas las que se reparten los turnos y la tarea, desde hace un año y medio. 

Por otra parte, otra familia vive en el campo para hacer la atención de la guachera, el preparto y el mixer. Otro empleado hace mantenimiento y auxilia en la alimentación de vacas secas, mientras que Francisco todas las mañanas es el responsable del mantenimiento de los lotes y ayuda en diferentes tareas, teniendo más de treinta años en el tambo, habiendo pasado incluso por la fosa. 

Contando con asesoría en la nutrición, todo se combina para que la tarea diaria que es mucha, no sea agobiante para nadie en el grupo de trabajo. 

Planificando ya el control biológico de moscas, para reducir el estrés tanto de los animales o las personas, la recorrida por los lotes y los corrales se hace sencilla, con una buena organización. 

La crianza de terneros es colectiva, separando a las hembras que toman la leche resultante del ordeño diario, mientras que los machos consumen la de descarte del lote hospital, llevándolos hasta los 180 a 200 kilos, momento en el que se los vende. 

Falencia 

El Chiflón es un establecimiento organizado y que permite tener rentabilidad e invertir en tecnología, pero la gran falencia está del ingreso para afuera. Son dos kilómetros los que separan la calle arbolada de la entrada de la Ruta Nacional 34. Un camino que acusa el golpe de cada circunstancia climática a lo largo del año. 

Sin ripio, sin soporte alguno, es la cuenta pendiente para este tambo y también para otro vecino que tiene un feedlot.  

En tiempos de sequía como los de ahora, esperar la lluvia supone la imposibilidad de ingreso del camión cisterna, depender del tractor para poder sacar la leche cada día y con ello la acumulación de promesas políticas de la comuna, de las autoridades regionales y también de la provincia. Décadas de acumulación de impuestos que jamás se pudieron traducir en la mejora de los caminos rurales. Diferentes ubicaciones, una misma deuda para la producción que por mayor esfuerzo o inversión que se haga en el tambo jamás podrá compensar ese deber pendiente de la política pública. 

Vía: news.agrofy

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