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Europa volvería a comprar biodiesel

Estamos bien aunque con algunos nubarrones. Las imágenes que abundan en medios y redes sociales nos alertan sobre una preocupante crisis climática. Las inundaciones en el norte de Santa Fe dominan las planas en estos primeros días del año. Pero digamos todo, aunque caiga antipático: más allá del drama que le toca vivir a cada damnificado por los excesos hídricos (en un país sin red de contención), la realidad es que hacía falta un verano llovedor. Lo tenemos.

Encima, la producción mundial de proteoleaginosas como la soja se tomó un respingo. Después de varios años de crecimiento continuo, este año caerá un 5%. Fundamentalmente, como consecuencia de la merma de Brasil, que emparda el primer lugar del podio mundial con los Estados Unidos. Esta reducción compensa en buena medida la caída esperada de la demanda china, que decidió reducir su consumo de harina de soja y sustituirla por otras fuentes de proteína para el ganado. O directamente achicar su producción de carnes.

En este contexto de delicado equilibrio entre la oferta y la demanda global de derivados de soja, hubo ayer una noticia que sacudió la plaza: la Unión Europea estaría por ofrecer a la Argentina un cupo de importación de biodiesel libre de aranceles. Si bien el tema no está cerrado ni mucho menos, se habla de un contingente de 3.000 toneladas diarias, lo que llevaría a una proyección de 1,2 millones de toneladas por año.

No es moco de pavo. La Argentina llegó a venderle 1,4 millones de metros cúbicos hace un par de años, hasta que el lobby aceitero europeo logró ponerle restricciones. El argumento fue que la Argentina hacía dumping, lo que motivó el reclamo de nuestro país. La UE falló a favor de la Argentina, pero la disputa continuó. La decisión de establecer este cupo pone paños fríos e implica, de hecho, que se podrían retomar los embarques, hoy paralizados, a ese destino. Conviene recordar que Estados Unidos aplicó el año pasado aranceles del 70%, dejando al biodiesel argentino totalmente afuera de su mercado.

El biodiesel es la etapa superior de la soja. Es un producto de altísimo valor agregado, ya que implica la extracción del aceite, su refinado, y el delicado proceso de “transesterificación”. Consiste en partir la molécula de aceite, separando la glicerina de los ácidos grados por medio de un catalizador, denominado “metóxido”. La combinación de metóxido con ácidos grasos da lugar al FAME (Fatty Acid Methil Ester) que es la denominación química del biodiesel. La Argentina es el mayor productor y exportador mundial de biodiesel de soja, con embarques que superaron los 2 mil millones de dólares hace un par de años. Es también el mayor productor y exportador mundial de glicerina refinada, una elegante molécula que se destina a la industria farmacéutica y alimenticia.

Las plantas exportadoras de biodiesel son verdaderos complejos oleoquímicos y constituyen una de las más espectaculares avanzadas de la bioeconomía a nivel global. En diez años, la producción mundial de biodiesel pasó de 10 a 40 millones de toneladas.La Argentina tiene el 10% de la capacidad instalada, pero le queda aceite para duplicar la producción. El mayor competidor es Indonesia, que por suerte también está ampliando su consumo interno del biocombustible, estableciendo un corte del 20% en su gasoil.

Desde todo punto de vista, es una gran noticia esta cuadruplicación del consumo de biodiesel a nivel mundial en apenas diez años. Lo es por razones ambientales, ya que sustituye al combustible fósil contribuyendo a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero lo es también por su impacto en la demanda de commodities agrícolas. Si la Argentina no encuentra mercado para su biodiesel, tiene que exportar el aceite (su materia prima) sin valor agregado. Como ya es el mayor abastecedor mundial de aceites, esta mayor oferta deprime los precios. Es lo que estuvimos viviendo los últimos meses, desde que Estados Unidos y la UE dejaron de comprar. Ahora Europa está por volver. Es una buena noticia. Veremos si se confirma, y si Trump afloja un poco la marca…

Fuente: Clarín

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