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martes, junio 15, 2021
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Glifosato, el pesticida que enfrenta a los científicos

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La posible peligrosidad de uno de los productos químicos más utilizados en el mundo, en agricultura y jardinería, sigue provocando discusión entre los expertos.

Francia no utilizará más el glifosato a partir de 2021”. Esta fue una de las promesas electorales del presidente francés Emmanuel Macron a principios de su mandato. Sin embargo, la propuesta terminó desvaneciéndose: el país no puede asegurar la sustitución del herbicida al 100% en los campos agrícolas franceses en los próximos años.

“Esta decisión ha sido cancelada porque el glifosato es necesario en los sistemas agrícolas actuales”, declara a Sinc Robin Mesnage, toxicólogo en el departamento de Genética Médica y Molecular del King’s College London y experto en este compuesto.

Pero aunque el glifosato no desaparece, por ahora, de los cultivos franceses, sí lo hace de los jardines. Desde enero de 2019, la justicia francesa sí logró prohibir la venta y utilización a los particulares –y no a los agricultores– de una versión de este herbicida, Roundup Pro 360.

“Es una formulación con un agente químico surfactante de riesgo alto conocido”, detalla Charles Benbrook, investigador en la Universidad de Newscastle (Reino Unido).

Trayectoria del compuesto

El glifosato fue comercializado por primera vez en los años 1970 bajo el nombre de Roundup, cuya patente estuvo hasta el año 2000 en manos de Monsanto, la multinacional estadounidense especializa en productos agroquímicos y en biotecnología para la agricultura, adquirida por Bayer en 2018. Sin embargo, la dependencia de este herbicida se debe a un uso masivo a partir de los años 90.

Desde entonces, 8.600 millones de kilogramos de glifosato se han esparcido por millones de hectáreas en todo el mundo. En España, cientos de productos autorizados para la agricultura, silvicultura, jardinería y aplicación doméstica contienen glifosato.

Este compuesto fue descubierto por el químico Henri Martin, que en 1950 trabajaba en una empresa farmacológica. Al no encontrar aplicaciones, la molécula fue vendida a otras compañías en busca de posibles usos. Fue John E. Franz, químico orgánico de Monsanto, quien dio con la clave e identificó su actividad herbicida en 1970.

Ahora el pesticida actúa eliminando las hierbas y los arbustos y ha mostrado gran eficacia en cultivos modificados genéticamente, en el de caña de azúcar –para aumentar la concentración de sacarosa– y en las calles y aceras de ciudades para erradicar las malezas.

“Se usó por primera vez a mediados de la década de los 70, pero en ese momento su utilización no fue muy extendida ni controvertida. No fue hasta finales de los años 90, con su aplicación en cultivos transgénicos, cuando se disparó su uso”, explica Benbrook.

A partir de ese momento, el glifosato no ha hecho más que sembrar discordia y cierta preocupación entre un sector de la comunidad científica y los grupos ecologistas. Según estos, el pesticida penetra en el suelo, se filtra en el agua, sus residuos permanecen en los cultivos y llega a nuestros organismos.

El riesgo de cáncer

“Ahora su uso es polémico porque es, de lejos, el pesticida más usado en el mundo, y se puede encontrar en casi todas partes: en ti y en mí, y en la mayoría de las personas que conocemos”, alerta Benbrook.

En 1993, tanto la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés)​ y la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificaron este tipo de herbicidas como de baja toxicidad. Los análisis posteriores lo confirmaron en el año 2000: en las condiciones de uso actuales y esperadas no había riesgo para la salud humana con Roundup.

Sin embargo, en marzo de 2015 la OMS consideró el herbicida como “probablemente cancerígeno”. En los más de mil estudios revisados por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), se encuentra una evidencia limitada de la relación del glifosato con algunos tipos de cáncer en las personas más expuestas, como los agricultores; pero hay pruebas suficientes de que produce tumores en los animales de laboratorio.

Tras décadas de uso, el herbicida se clasificó en el grupo 2A de la IARC. A pesar de todo, esta decisión no fue determinante para su uso y desató un debate público: el veredicto se oponía a la postura de la Unión Europea (UE).

Vía: .lavanguardia.

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