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Junio, un mes clave para el trigo, un cultivo arrinconado por la sequía

El cultivo no pasa uno de sus mejores momentos, la falta de agua, la incertidumbre por precios y costos, sumado al temor a mayores retenciones, el trigo tambalea, aunque generará un fuerte ingreso de divisas.

El trigo es uno de los cultivos de invierno más utilizados, como antecesor a cultivos de verano, principalmente soja. Su incorporación, ya sea con destino de grano o como cultivo de cobertura, permite mejorar la productividad de las secuencias de cultivos, el uso del agua, las propiedades del suelo.

La industrialización del trigo se lleva a cabo en numerosas provincias, sin embargo, Buenos Aires concentra no solo la mayor superficie de producción primaria, sino también cuenta con la mayor cantidad de establecimientos de molienda. Todo esto sujeto a las grandes superficies que el cultivo ocupa a nivel país, aunque varios factores cumplen un rol fundamental en la producción anual.

Informes señalaron en los últimos meses, incluso, mucho antes de comenzar la siembra de trigo de la campaña 2022/23, se referían al cereal como récord de ventas al exterior. Todo esto se dio a conocer según las estimaciones del ministerio de Agroindustria, dando a conocer que las exportadores declararon a comienzo de mayo fueron de más de 8 millones de toneladas lo que representa el máximo registro histórico para esta época del año. De esta manera quedan solo 2 millones de toneladas para completar el denominado volumen de equilibrio establecido por el Gobierno para asegurar el abastecimiento en el mercado interno.

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Áreas de sembrado en la presente campaña

En Laborde sembrarán 50% menos que en el 2021; en Marcos Juárez, 25% menos. En las encuestas de intención de siembra, el trigo cae ahora a 15% (vs 10% hace una semana) tras la decepción de las lluvias de mayo. Esto significa 250.000 hectáreas menos que las sembradas hace un año en la región núcleo. El maíz caería entre 5% a 10% y la soja volvería a ganar hectáreas rompiendo la tendencia de los últimos 7 años.

“Hace unas semanas atrás, el margen del trigo jugaba un rol preponderante en la decisión de siembra. Pero con la mejora del resultado, y con un mayo que dejó solo el 10% de las lluvias que normalmente aporta, lo importante para sembrar ahora es la cuestión agronómica: cuánta agua hay en los suelos para el trigo. Incluso, si no hay un cambio de tendencia en junio, la baja podría ser aún mayor”, detalla. 

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En principio, las gramíneas aparecen cediendo área, rompiendo la tendencia de los últimos 7 años. El área de maíz temprano podría ceder de 5% a 10% en la región núcleo. En Bigand, los ingenieros lo explican así: “Los productores que quedaron malparados por la sequía en la cosecha gruesa tienen un gran temor a gastar en gramíneas, ya que hay que invertir en fertilizantes y semilla. También se suma la incertidumbre por las políticas gubernamentales y la posibilidad de una tercera Niña. Es demasiado el riesgo”. Por eso la estrategia es refugiarse en la soja de primera: el aumento estimado de siembra sería de 9% respecto al 2021. “El productor tiene la semilla y este ciclo lo hará con menor tecnología, buscando invertir lo menos posible”, señalan en las zonas que no tuvieron buenos resultados en este verano.

Más allá del bajón productivo, las exportaciones de trigo y cebada podrían alcanzar el récord de US$ 6.500 millones en la campaña 2022-2023. 

Las exportaciones de los complejos de estos dos cultivos de invierno se incrementarían en US$ 1.065 millones por una mejora en los precios internacionales, ya que en cantidades, se prevé que los embarques sean menores por una menor producción esperada de trigo.

Según la entidad rosarina, el área sembrada con trigo caería 550.000 hectáreas hasta las 6,3 millones de hectáreas, y se prevé una producción de 19,1 millones de toneladas, dos millones menos que lo obtenido en la campaña 2021/22. Sobre ese total, se exportarían 12,5 millones.

Pero los precios más que compensaría eso: la BCR estima un valor de la cosecha en la zona de US$ 5.000 millones. Y si al valor exportado en granos se le suma el valor de las exportaciones proyectadas de harina, “se tiene un total de US$ 5.200 millones”.

En la cebada el panorama es distinto, ya que la producción llegaría a un récord de 5,3 millones de toneladas de la mano de un crecimiento del área sembrada en detrimento del trigo.

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