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lunes, marzo 1, 2021
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La Pampa: venden la hacienda por las inundaciones

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La situación que se está viviendo en La Pampa es desesperante, el agua cubre gran parte de los campos y no hay caminos para ingresar, los animales no tiene para pastorear y es prácticamente imposible ingresar a los campos para trabajar.

Desde hace un año está cada vez más complicado, el agua no baja si no es por evaporación, ya que el suelo está saturado y no existen desagotes. Nunca terminó de bajar, cuando las últimas lluvias empeoraron la situación y ya se esperan nuevas por la temporada que se inicia. Los productores no encuentran otra salida que achicarse, vender animales -la zona es primordialmente ganadera y buscar alternativas de negociación para los arrendamientos.

Las historias de los lugareños muestran la realidad que se vive en estos días en las zonas mas afectadas, como Sergio Gareis que tiene su campo sobre la ruta 35, a siete kilómetros de Realicó; arrienda otro en la zona. «Mi ventaja es que puedo sacar la producción porque estoy sobre la ruta -. Los caminos vecinales no se pueden transitar, se hacen largos rodeos para salir; llevaban años de falta de mantenimiento y por eso no quedó nada. Ahora, en medio del barro, tampoco se pueden arreglar.»

También cuenta cómo fue decayendo su economía año tras año, en 2016 hizo poco trigo y en esta campaña, nada, porque no hubo piso para entrar: «Las sembradoras no pasan; todavía hay lotes de soja y mucho maíz por levantar cuando falta un mes para empezar la cosecha gruesa; la siembra bajará porque hay lotes muy complicados».

Gareis vendió hacienda -hace invernada y recría porque se le terminó el grano propio y los royos quedaron bajo el agua. «Estamos cansados, con ganas de bajar los brazos; hartos de encajarnos con las máquinas, de romper equipos. Hay desánimo y mucha desilusión», se queja.

La historia de Martín Navarro es similar. De 650 hectáreas, 450 son lagunas y anegamientos. Pudo cosechar 120 hectáreas de 267 sembradas de soja y tuvo que mover 350 cabezas de ganado a una zona más alta, alquilada. «Todo está roto, no hay por dónde pasar; los alambrados, tanques y bajos están destruidos. Está comprometida la situación a futuro.»

En Falucho, 20 kilómetros al sur de Realicó, Orlando Roggia lleva seis meses en emergencia. Un campo que alquila de 447 hectáreas quedó totalmente inundado y el propio está cubierto de agua en su mayor parte. Las lagunas naturales se desbordaron, las napas están altas y cuando hay algo de evaporación, los suelos están arruinados por la sal. «Los problemas sanitarios son muchos, aumentaron por la humedad -describe, la mortandad es alta, se ven muchas caídas por pérdida de magnesio. Y es un problema entrar, llevar alimentos.»

 

Fuente La Nación

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