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Orugas procesionarias: ¿cuáles son los peligros para los humanos y los animales?

Las altas temperaturas han aumentado el número de la oruga procesionaria del pino.

Esta especie, la oruga procesionaria o procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) constituye la segunda causa de destrucción de los pinares españoles, detrás de los incendios forestales. Se trata de una plaga tremendamente dañina con presencia en todo el territorio peninsular y Baleares. La oruga, que pertenece al grupo de los lepidópteros, se encuentra en parques, zonas rurales y bosques donde hay pinares templados, sobre todo en el sur de Europa.

Es probable que las hayas visto en algún momento caminando en una larga línea por el suelo de un bosque de pinos. Este espectáculo natural no solo llama la atención de los humanos, sino también de los perros. Los canes más curiosos pueden morir en un intento de ver a qué saben estas criaturas de aspecto singular.

Cierto es que las orugas siempre están ahí, pero solo en la época primaveral (se adelantan por la falta de lluvia y las cálidas temperaturas) es cuando se cruzan nuestros caminos. Al comienzo de la primavera, el aumento de las temperaturas desencadena el instinto de enterramiento. Las orugas bajan de sus nidos (esas redes blanquecinas que se ven en los pinos) y caminan por el suelo buscando un lugar para enterrarse y hacer una crisálida de la que luego saldrán en julio en forma de polillas. Algunos nidos son pequeños, pero la mayoría de los nidos tienen un tamaño similar al de un pomelo y contienen aproximadamente 300 orugas. Los nidos generalmente se ubican en la parte sur del árbol (se encuentran en una posición estratégica para obtener la máxima luz solar) y suele haber varios nidos en un mismo árbol. Las orugas tienden a dispersarse a través de los árboles durante la noche para alimentarse y luego vuelven a los nidos comunales durante el día para aumentar su calor y digerir los alimentos que han ingerido.

Una vez bajan de los árboles, caminan en procesión (de ahí su nombre) lideradas por una hembra, y está claro que serían presa fácil para los depredadores si no fueran venenosas.

Peligrosa para humanos, mortal para perros

Ahí es donde comienzan los problemas para cualquiera que las toque. Las orugas están cubiertas de pelos venenosos impregnados con una toxina que, sobre todo para los perros, es devastadora.Estos pelos se encuentran incluso en el aire alrededor de un árbol muy infestado. Los síntomas comienzan con el perro rascándose la boca, como si quisiera sacar algo de la lengua con sus garras mientras salivaba profusamente. En este punto, hay que acudir a un veterinario lo antes posible porque la mascota puede llegar a morir.

La oruga causa diversas lesiones a los perros. Los síntomas son similares a los de una reacción alérgica. La lengua, el esófago y el estómago se hinchan. Eventualmente, el perro no puede respirar y muere. En la mayoría de los casos, esto no sucede por la acción rauda de un veterinario, pero la parte de la lengua del animal -u otra zona- que ha tocado una oruga, sufre necrosis. Algunos llegan a perder prácticamente toda la lengua.

No tocar bajo ninguna circunstancia orugas o sus nidos

Es importante que los humanos tampoco toquen los nidos ni se acerquen a ellos, ya que los pelos de las orugas caen constantemente mientras estas se encuentran los árboles y, por supuesto, los nidos están repletos de pelos tóxicos. Dichos pelos de la oruga son urticantes al contacto con la piel, por lo que producen reacciones alérgicas, y suponen un riesgo para la salud, ya que impulsan la irritación de la piel en forma de sarpullido o erupción que puede aparecer en los brazos, las piernas, el cuello o el torso y puede durar varias semanas. También puede provocar conjuntivitis y problemas respiratorios.

Vía: muyinteresante

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