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¿Qué sabes acerca de los tipos de suelo?

Uno de los elementos principales de todo jardín ecológico o huerto urbano es, sin duda, el suelo. Pero todos los suelos no son iguales y es importante conocer de qué tipo es el nuestro para asegurar un buen desarrollo de nuestras plantas.

Conociendo el tipo de suelo que tenemos podremos mejorarlo para convertirlo en un entorno más fértil. Lo primero es aprender los componentes que lo forman. Todo suelo esta compuesto de cinco tipo de elementos: agua (que actúa como disolvente), materia inorgánica o restos minerales, bolsas de aire (situadas en los espacios sólidos donde no llega el agua), microorganismos que habitan el suelo y materia orgánica derivada de estos seres vivos.

Al cultivar plantas en nuestro suelo, la proporción de agua, aire y materia orgánica se modifica. La capa más superficial es la más sometida a variaciones y sobre la cual podemos tener un mayor control. Una capa superficial de calidad debe aportar de forma continua nutrientes, agua y aire a las raíces de nuestros cultivos.

Los desequilibrios en las capas del suelo afectan mucho a las plantas: un exceso de agua provoca encharcamientos y un suelo excesivamente compacto, que impide que la raíces se desarrollen. La falta de nutrientes afecta al crecimiento, así como una escasez de aire o agua.

¿Qué tipos de suelo existen?

Podemos hablar de cinco tipos principales:

El suelo arenoso. Es resultado de los depósitos fluviales de ríos, sedimentos arrastrados por el viento o de la erosión de rocas areniscas. Presentan la cualidad de calentarse fácilmente con el calor, siendo fáciles de trabajar y favoreciendo el trabajo de las bacterias. No obstante tienen poca presencia de agua debido al drenaje y presentan escasos nutrientes.

2 El suelo limoso. Es muy similar al arenoso puesto que se originan de materiales parecidos, pero el limo tiene menos capacidad de drenaje y cuenta con más presencia de agua, produciendo encharcamientos. Son suelos blandos y pegajosos, por tanto, muy fáciles de trabajar.

3 El suelo arcilloso. Compuesto por partículas de arcilla que le proporcionan un grado de plasticidad. La arcilla tiene una gran capacidad para almacenar el agua y los nutrientes, pero es un material con poca permeabilidad y por tanto, propenso a sufrir encharcamientos. Ante la falta de agua el suelo arcilloso se agrieta. Si reciben un tratamiento adecuado son suelos muy fértiles y productivos, aunque debido a su alto grado de compactación resultan difíciles de trabajar.

La marga. Es una combinación de partículas de arena, limo y arcilla. Debido a esto, presentan la mayoría de ventajas de los suelos anteriores, mientras que, una buena marga, apenas tiene desventajas. Podemos diferenciar entre margas compactas (con un alta presencia de arcilla, entorno al 30%) y margas ligeras (con una presencia arcillosa menor, que no alcanza el 18%).

5 El humus. Es una capa superficial del suelo, originado por restos orgánicos de plantas que se encuentran en un estado de descomposición parcial. Se caracteriza por su alto nivel de nutrientes y un color muy obscuro que facilita el calentamiento rápido. Se trata de un suelo muy recomendado para el cultivo y, por ello, una buena opción para mezclar con nuestro suelo de jardín y enriquecerlo.

 

¿Cómo podemos conocer qué tipo de suelo tenemos?

Averiguar nuestro tipo de suelo es muy sencillo, para empezar solo necesitas un poco de tierra.

Hay un método manual muy sencillo que nos permitirá enseguida averiguar cuál es el tipo de suelo de nuestro jardín o huerto. No necesitamos ningún utensilio adicional y resulta un método preciso. Este método consiste en coger un puñado de tierra de nuestro suelo, humedecerlo con agua (suficiente para que forme una pasta que podamos amasar). A continuación intentaremos moldear la pasta de la siguiente forma:

Formaremos una pelota. Si es imposible llegar a esta forma podemos determinar que el suelo es arenoso. En caso de conseguirlo procederemos a la siguiente forma.

Aplastaremos la bola. En caso de que se rompa nuestro suelo será limoarenoso. Si se mantiene seguimos moldeando.

Seguiremos aplastando la bola hasta darle una forma de salchicha. Llegados a este punto el suelo será francoarcilloso.

Si llegamos a tener una salchicha tan fina que podemos darle la forma de una herradura, determinaremos que nuestro suelo es arcilloso.

Vía: elhuertourbano

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