Clima

Tipos de heladas según la causa del descenso térmico

Dependiendo de la causa determinante del enfriamiento las heladas pueden ser de advección(o convección), radiación y evaporación. Estos tres fenómenos pueden producirse simultáneamente o sucesivamente en una misma noche, por lo que su interpretación es compleja. A continuación se describe brevemente su diferenciación.

Tipos de heladas según la época

Las heladas se clasifican según la época en que se producen en otoñales, invernales y primaverales o tardías.

Las heladas otoñales se producen algo antes de la entrada en reposo y, en general, no están muy extendidas ni suponen una grave afectación para los frutales.

Las heladas invernales afectan a las plantas en un estado de reposo, o en su transición de entrada y salida del reposo. En estos estados tienen que alcanzase, general, temperaturas inferiores a -15 ºC para causar daños a los frutales de fruta dulce.

Las heladas de advección se producen por un descenso brusco de la temperatura originado por el desplazamiento de grandes masas de aire frío (aire polar). Ocasionan daños intensos y generalizados y tienen una gran dificultad de prevención y lucha. Afortunadamente no son frecuentes en nuestras zonas frutícolas.

Las heladas de radiación ocurren por la noche, cuando el balance térmico de la radiación tierra-atmósfera es negativo, es decir el suelo emite mayor radiación que la recibida. Está perdida de energía se traduce en un enfriamiento rápido del suelo y plantas que pierden calor por radiación. Se produce una inversión térmica entre unos 15-20 m, con estratificación del aire de menor a mayor temperatura según se asciende.

Las nubes o una atmósfera con alta humedad relativa actúan de pantalla impidiendo el paso de las radiaciones. Las condiciones favorables para que se produzcan estas heladas son: cielo despejado, noche en calma y escasa
humedad del suelo y en el aire. Son las heladas más frecuentes en nuestras zonas frutícolas.

Otro mecanismo de formación de heladas

Las heladas de evaporación se producen cuando la humedad relativa del aire es baja (menor del 80%) y los órganos están humedecidos debido a la lluvia, riego o deposición de rocío. En estas condiciones el agua se evapora sustrayendo calor a los tejidos y puede provocarse la helada. Dicha evaporación se ve incrementada por el viento. Este tipo de heladas es poco frecuente y suele darse a continuación de heladas de advección o radiación.

Finalmente hay que citar la gran trascendencia de tiene la humedad relativa del aire en las heladas. Con humedades altas el punto de rocío (temperatura a la que se condensa el agua) es mayor. Cuando el aire llega a ese punto, el agua condensa en la superficie de las plantas liberando 600 calorías/gramo y atenúa el descenso de la temperatura. Si la temperatura sigue bajando hasta 0 ºC, el agua se congela aportando de nuevo 80 calorías/gramo y formando abundante escarcha sobre las plantas; la escarcha adquiere la forma de una delgada capa de hielo granular con burbujas de aire que le da un color blanquecino

La caída de la temperatura ambiente

Si el descenso de temperatura es brusco, el vapor de agua atmosférico, en contacto con las plantas o la superficie del suelo, se congela directamente cristalizando en forma de pequeñas agujas de hielo. Ambos casos de formación de hielo se denominan, comúnmente, como “heladas blancas”.

De peores consecuencias son las heladas conocidas como “heladas negras”, producidas cuando la humedad relativa es baja (punto de rocío menor que la temperatura crítica). En estas condiciones se produce un descenso rápido de la temperatura al no ser frenado por la condensación y congelación del agua. En general, los daños de estas heladas suelen ser mayores que los ocasionados por las “heladas blancas”.

Vía: core.ac

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *