martes, noviembre 30, 2021

Tomate: Realizan profundo control de plagas

Los monitoreos realizados en el país, específicamente en el Cinturón Hortícola Platense, demostraron que T. cucurbitaceus apareció espontáneamente en los lotes productivos.

Los tomates son, sin duda, una de las hortalizas que más encontramos en nuestros platos. Si se tienen estas plantas, conviene conocer cuáles son las principales plagas del tomate y cómo combatirlas, o bien, en caso de grandes plantaciones en el ámbito agropecuario.

En el cultivo del tomate, la presencia de algunas plagas suele limitar los rendimientos. La polilla del tomate -“Tuta absoluta”- es la de mayor relevancia a nivel de pérdidas económicas, porque ataca hojas, tallos y frutos, entre otras plagas importantes de los cultivos.

Para su control suelen emplearse insecticidas que, cuando son mal utilizados, generan problemas como resistencia de la plaga, residuos en frutos, contaminación del medio ambiente y daños a la salud humana.

Excautivos controles de plagas

Dentro del manejo de plagas en cultivos hortícolas se demostró ser ineficiente aquel enfoque que recurre a plaguicidas como única medida de control para la mayoría de los artrópodos plaga. Por este motivo resulta importante recurrir a una alternativa sanitaria enmarcada en un enfoque agroecológico, donde se contemple un abordaje integral del agroecosistema, sus componentes estructurales, funciones e interacciones.

En este sentido las denominadas “chinches predadoras”, pertenecientes al orden Hemiptera dentro del cual se encuentra la familia Miridae (míridos), presentan numerosas especies utilizadas en Europa y Canadá como biocontroladores de artrópodos plaga de cultivos hortícolas. Estos predadores se caracterizan por ser polífagos, pudiendo ejercer un adecuado control sobre numerosas plagas, además de las moscas blancas, en la producción hortícola bajo cubierta.

En la Argentina, María Eugenia Strassera, especialista en control biológico de plagas de la Estación Experimental Agropecuaria Área Metropolitana de Buenos Aires (EEA AMBA) del INTA, se enfoca en conocer tanto la composición como el funcionamiento de los agroecosistemas para la posterior intervención. La capacidad de estos míridos para controlar las plagas está relacionada con un buen establecimiento en el cultivo por lo que, si este resulta nulo o deficiente, suele traducirse en una de las principales causas del fracaso del depredador.

Siguiendo esta línea, Strassera detalló: “Los monitoreos realizados en el país, específicamente en el Cinturón Hortícola Platense, demostraron que T. cucurbitaceus apareció espontáneamente en los lotes productivos. Sin embargo, en el tomate tardío, trasplantado a fines de diciembre, es necesario alcanzar rápidamente altas densidades del mírido para evitar incrementos poblacionales de mosca blanca inmanejables”.

En general, de acuerdo con los resultados obtenidos por el INTA, su dispersión y su control sobre las plagas son lentos si las dosis de liberación no son muy elevadas. No obstante, al aumentar las dosis de liberación por planta solo resulta económicamente factible si la productividad del cultivo es muy elevada.

En este sentido, con los antecedentes de los trabajos de Silvia López y Mariana Vizcarret, del Instituto de Investigación Microbiología y Zoología Agrícola (IMyZA) del INTA Castelar, y de Andrés Polack, de la EEA AMBA del INTA, se continuó con el estudio cuyo objetivo fue definir la potencialidad de la especie Tupiocoris cucurbitaceus (Spinola) (Hemiptera: Miridae), perteneciente a la familia de los míridos, como agente de biocontrol en la producción hortícola argentina.

Características de la especie

T. cucurbitaceus cuenta con una amplia distribución en Centroamérica y Sudamérica, específicamente en México, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Brasil, Perú, Chile y la Argentina. En el país fue encontrada en numerosas provincias: Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, Corrientes, Entre Ríos, Mendoza y Buenos Aires. En este último caso, la provincia de Buenos Aires recurre a la especie como agente biocontrolador en el cultivo de tomate.

“Al ser zoofitófaga, que se alimenta de tejidos vegetales y de artrópodos plaga, T. cucurbitaceus posee hábitos alimenticios omnívoros, pudiendo alimentarse de más de un nivel trófico. Esta característica alimenticia permite que esta chinche resista largos períodos de escasez de presas, brindándole gran plasticidad para ser utilizada en estrategias de control biológico”, explicó Strassera.

La alimentación de tejidos vegetales es de forma ocasional para sobrevivir, reproducirse y, además, resulta un complemento a los recursos alimenticios de las presas, que es la principal fuente de nutrientes. Estos predadores adquieren las proteínas, grasas y hemolinfa necesarias de la presa para completar su desarrollo.

La especie presenta un amplio rango de hospedantes alternativos: Solanum lycopersicum (tomate), Solanum tuberosum (papa), Nicotiana tabacum (tabaco), Cucurbita, Phaseolus vulgaris (poroto, frijol, alubia), Pelargonium hortorum (malvón, geranio común o geranio de jardín), Rubus, Eupatorium hecatanthum (falsa chilca) y Adesmia.

Vía: https://bcrnews.com.ar/

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