Precio de la carne: menor oferta y caída del consumo

Las bajas no se ven sólo en la demanda, sino que también se observan en la oferta. La menor cantidad de hacienda se sufre también en la faena: menos animales implica mayores costos para muchos actores de la cadena de la carne.

Identificar y entender cómo distintos factores impactan sobre la oferta y demanda de carne vacuna, tanto a nivel productivo como en los eslabones finales de la cadena, resulta preponderante para la actividad y para a economía en su conjunto. El objetivo del trabajo es proponer un modelo que identifique y cuantifique el impacto de variables fundamentales que afectan el crecimiento de la producción y las exportaciones de carne vacuna en Argentina en el largo plazo.

Si bien aun se encuentra vigente el plan «Cortes Cuidados» que se extiende hasta el 7 de abril, fecha en la cual se analizarán las condiciones de prórroga para el resto del año  y el kilo de los siete cortes más consumidos no supere los $800, la oferta y el consumo estuvo en caída libre en parte de marzo y los indicies apuntan a un abril similar.

A punto de extinguirse este periodo de «precio económico» para los cortes de carne, el Gobierno ya apura cuatro medidas en la “guerra” contra la inflación: la nueva etapa del plan Precios Cuidados de 1.300 productos, una canasta reducida de proximidad con unos 60 productos, nuevos “cortes populares” de carne y un grupo de verduras y frutas con precios de referencia.

Más allá de los dos Precios Cuidados (el ya conocido en los grandes supermercados y la nueva versión para comercios de cercanía), hay otros dos esquemas en estudio y negociación: uno para cortes de carne y otro para verduras y frutas, los dos tipos de alimentos con mayores incrementos registrados por Indec en la última medición y que, se estima, volverán a mostrar fuertes subas en el indicador de marzo que se conocerá la semana próxima.

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La carne en la cuerda floja

En los últimos 26 meses se registró una baja de más de 15 puntos, que equivalen a 7,1 kilogramos por persona. El consumo aparente quedó lejos de los casi 70 kilos que alguna vez se registraron y tomando como base datos de febrero, se ubicó en 48 kg/año.

Miguel Schiariti, titular de CICCRA confirmó en diálogo con Ámbito que “el consumo está muy caído por la pérdida de valor de la moneda y la pérdida de poder adquisitivo del salario”.

Las bajas no se ven sólo en la demanda, sino que también se observan en la oferta. En los corrales del Mercado de Liniers -y ahora también del Mercado Agroganadero de Cañuelas- queda al descubierto la falta de hacienda: la semana pasada ingresaron unas 19 mil cabezas, lo que constituye una oferta pobre que a su vez pone presión en los precios de la mayoría de las categorías, con compradores que pujan por buenos lotes para abastecer las cámaras frigoríficas.

Leonardo Rafael, presidente de la Cámara de Matarifes y Abastecedores (CAMYA), explicó a este diario que “lo que se está viendo en el mercado es que cuando aparecen lotes de feedlot con buena terminación, se pagan entre 15 y 20 pesos por encima de los valores habituales”.

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La menor cantidad de hacienda se sufre también en la faena: menos animales implica mayores costos para muchos actores de la cadena de la carne. Rafael no sólo confirmó que disminuyó el volumen de faena sino que además destacó que “parte de los subproductos que se exportaban a Rusia cayeron en cuanto a envíos y eso generó mayores costos de faena para los matarifes. A eso se le sumó la inflación y el aumento de combustible que en algunas zonas del interior tiene un sobreprecio de un 10%. Todo esto se traslada a producto final o retrocede en la cadena contra el valor de la hacienda. Ante esta situación, muchos de esos costos los absorbe el materife o el abastecedor, porque también existe el miedo a perder la venta”.

Menos hacienda y menos faena se traduce en una menor oferta de carne disponible en el mercado, y esto ocurre en gran medida por las intervenciones y los embates que tuvo la cadena de la carne en los últimos dos años desde el aspecto político, económico y climático.

Según Schiariti, “es cierto que tanto el matarife como el carnicero absorben parte de los márgenes y del aumento del precio del ganado, pero a pesar de eso no creo que los valores bajen en Liniers, porque la oferta de hacienda es cada vez menor. Ademas estamos en un periodo de salida de la invernada y el ternero es reserva de valor entonces se paga más de lo que debería”.

A todo esto, se suman las complicaciones propias de la naturaleza. Tras la sequía del año pasado, hay potreros en los que no se podrá hacer recría a campo -la seca no dejo pasto- y esa situación recién podría mejorar dentro de 90 días si es que se registran precipitaciones.

La falta de políticas expansivas en la ganadería van a pasar factura, al menos hasta que se ponga en marcha el nuevo Plan Ganadero anunciado por el Gobierno, con lo cual pasará mucho tiempo hasta que se pueda recuperar un stock vacuno como para abastecer el mercado interno y darle otra oportunidad a la exportación en un momento en que el mundo esta demandando carne y esta dispuesto a pagar precios récord.

En el mercado interno, el negocio de la carne atraviesa un momento complejo y es probable que su precio vuelva a ser tema de conversación durante este segundo trimestre del año.

Desde el sector de los matarifes, Rafael asegura que “la hacienda va a tener un alza de precio, porque esta buscando el techo que aún no encontró”. En sintonía, Schiariti asegura que a pesar de la baja demanda el aumento de precios será inevitable y que “esta vez tendrá que más que ver con la escasez de hacienda que con el comportamiento de la demanda”.