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Alfalfa: tips del INTA para cuidar propiedades del forraje

Los especialistas aseguran que estas prácticas permiten conservar las propiedades del heno de alfalfa hasta alcanzar a la boca del animal y convertirse en kilos de carne y litros de leche de calidad.

La alfalfa, fue considerada a principios del siglo pasado la mejor especie forrajera, por su alta calidad y elevada producción. En la década del 70, perdió su posición de reina de las forrajeras ante la aparición del pulgón verde y posteriormente el pulgón azul, que destruyeron gran parte de los cultivos. En esa época, el INTA intensificó los trabajos de mejoramiento genético introduciendo materiales resistentes. Hoy, transcurridos 30 años, hay importantes desarrollos genéticos de la alfalfa, que han posibilitado recuperar su reconocimiento popular como forrajera.

La alfalfa, por su calidad como forrajera, su alta productividad y los aportes a la conservación del suelo, es una especie que el productor puede considerar en su planteo productivo. Los cultivares existentes en el mercado, ofrecen una amplia versatilidad en producción, longevidad, reposo invernal, resistencia a enfermedades y plagas.

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Teniendo en cuenta que el heno de alfalfa es un recurso forrajero fundamental en establecimientos bovinos de carne y leche, especialistas realizan ensayos que permiten contemplar y evaluar diversas tecnologías y tendencias para mejorar su cosecha y almacenamiento hasta alcanzar la boca del animal.

Frente a la demanda global generada por la intensificación ganadera, el heno de alfalfa, junto con el silaje, es una tendencia que progresa hacia el futuro. En este sentido, desde el INTA buscan cubrir las necesidades que surgen a partir de esta emergente oportunidad de negocio.

En primer lugar, el equipo investigador realizó ensayos de almacenamiento con la red Geotextil, una manta no tejida compuesta por fibra corta de poliéster. “En este caso la hemos probado para bajar los costos de almacenamiento y conservar todas las propiedades”, explicó el experto Gastón Urrets Zavalia.

Es frecuente el almacenamiento de rollos de alfalfa a campo, es decir, sin ningún tipo de cobertura expuesto a las condiciones climáticas. En este sentido, se compararon una la línea de rollos sin tapar y sobre suelo, contra líneas de rollos tapada o envuelta con esta manta.

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“Los resultados fueron muy interesantes, se redujo hasta un 41 % las perdidas en peso y un 38 % las perdidas en proteína bruta y mega calorías de energía”, agregó Urrets Zavalia. De esta manera, se logró hacer un uso más eficiente de la hectárea de alfalfa y se observaron mejoras con respecto al tradicional almacenamiento de rollos sin cobertura a la intemperie.

“Otro ensayo, esta vez con la firma Gauss, fue la prueba de la vaporizadora Dewpoint 6210”, continuó el especialista. Su beneficio tiene que ver con la generación de vapor en la andana al momento de la confección de los megafardos, lo cual permite ir cerca de la humedad objetivo.

El vapor aplicado redujo las pérdidas de hojas y material en un 42 %, alcanzando del 13 % a 14 % de humedad óptima deseada. Además, se lograron megafardos con 15 % más de peso y densidad.

El último ensayo consistió en probar un aditivo biológico, una bacteria de origen australiano, que permite acelerar el secado del heno de alfalfa, extrayendo el agua, una vez realizado el corte.

“En la secadora se coloca un botalón con picos y en ella se aplica el producto sobre la alfalfa durante el corte. Se acelera el secado para llegar rápido a la deshidratación necesaria para evitar que se consuma el hidrato de carbono” explicó Gastón Urrets Zavalia. Esta técnica permite lograr una mejor calidad final del heno y que el hidrato alcance la boca del animal.

Los rollos tratados de esta manera se mantuvieron en 23° de humedad, mientras que los que no fueron intervenidos llegaron a 46° de humedad. “Esto se evidenció finalmente con un 8 % más de proteína de rendimiento total por hectárea y un 5 % adicional de rendimiento de mega calorías de energía”, detalló el especialista.

Como expusieron los especialistas, estas prácticas permiten conservar las propiedades del heno de alfalfa hasta alcanzar a la boca del animal y convertirse en kilos de carne y litros de leche de calidad.