Retrocede la pobreza pero la inflación no se detiene

A pesar de que el índice de pobreza disminuyó, el proceso inflacionario actual amenaza seriamente la tendencia de disminución en la cantidad de pobres durante el primer trimestre de 2022. 

Ese es el escenario que aguardaba con optimismo el Gobierno trajo una luz de esperanza, aunque puertas adentro del oficialismo aceptan con preocupación que la aceleración de la inflación desde enero podría revertir la tendencia de reducción en el número de pobres durante el primer semestre de 2022. 

Nuestro país emplea indicadores monetarios para estimar la incidencia de la pobreza en la sociedad. En este sentido, la línea de indigencia y pobreza se calculan en base a una canasta de bienes necesarios para subsistir. Mientras la primera toma en consideración los requerimientos calóricos mínimos para la vida (alimentación), la segunda amplía el espectro incluyendo otros ítems indispensables para la cotidianeidad como vestimenta, transporte, educación, entre otros. 

Por el contrario, durante los últimos años, aquellos períodos de desinflación correlacionan con una menor brecha monetaria de los hogares de menores recursos. En otras palabras, tomando en consideración una canasta básica total (CBT), la cual representa la línea de pobreza, y los ingresos promedio de los hogares pobres, se obtiene una brecha de ingresos que mide la distancia entre recursos y necesidades.

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Datos que tranquilizan, pero…

Según informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la tasa de pobreza se situó en el segundo semestre del año pasado en el 37,3 % de la población urbana, 3,3 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en la primera mitad de 2021 y 4,7 puntos menos que en igual período de 2020.

En tanto, la tasa de indigencia se ubicó en el segundo semestre en el 8,2 %, 2,5 puntos por debajo de la primera mitad de 2021 y 2,3 puntos menos que en igual período de 2020.

Esta mejora se dio en el marco de la recuperación que la economía argentina tuvo en 2021, con una expansión del 10,3 % que puso fin a tres años de severa recesión y que permitió la creación de 1,8 millones de puestos de trabajo y un descenso en la tasa de desempleo, que en el cuarto trimestre del año pasado bajó al 7 %, su nivel más bajo desde 2016.

El impacto positivo del rebote económico no alcanzó, sin embargo, para retrotraer las tasas de pobreza e indigencia a los niveles previos a la irrupción de la pandemia de covid-19 debido a la persistente elevada inflación en Argentina, que en 2021 se aceleró al 50,9 % anual.

«Logramos que la producción y el trabajo crezcan, pero no logramos todavía que la distribución sea más justa. Y en gran medida la distribución no es más justa porque la inflación mete la cola. Tenemos que trabajar en esto», dijo el presidente argentino, Alberto Fernández.

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Para el economista Leopoldo Tornarolli, la bajada en la tasa de pobreza se explica por el crecimiento del empleo en la última mitad de 2021 y por una desaceleración en el aumento del costo de la cesta básica de alimentos y servicios -indicador que marca la línea de la pobreza-, que fue del 14,5 % en el segundo semestre, frente a un avance en el índice general de precios al consumidor del 21,3 % en igual período.

Tornarolli, investigador senior del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata, dijo además a Efe que, si bien los ingresos habrían crecido menos que el índice general de precios, lo hicieron por encima de la evolución del costo de la cesta básica de alimentos y servicios, contribuyendo así también a una reducción de la pobreza en el segundo semestre.

El informe oficial difundido este miércoles precisa que los ingresos de los hogares indigentes se situaron en el segundo semestre de 2021 un 35,2 % promedio por debajo del costo de la cesta alimentaria, mientras que los ingresos de los hogares pobres estuvieron en promedio un 36,9 % por debajo de la canasta básica total.

HORIZONTE SOMBRÍO

Para este año, las perspectivas respecto a la evolución de los indicadores sociales no son muy positivas.

«No tenemos muchas certezas, pero lo visto hasta ahora hace que uno sea pesimista y considere poco probable que la pobreza vuelva a reducirse durante el primer semestre de 2022», sostuvo Tornarolli.

Según el investigador, es «poco probable» que el empleo vuelva a crecer «con fuerza» como en el semestre pasado y que se registre una mejora en el salario real dada la aceleración inflacionaria que se registra desde diciembre último.

«En los dos primeros meses de 2022 el valor de la canasta básica total creció más de 10,1 % y es bastante seguro que, cuando conozcamos el dato de marzo, tengamos un subida acumulada superior a 15 % en tres meses, contra el 14,5 % de los últimos seis meses de 2021», indicó.