conservas vegetales, mixtas y escabeches: Prevención del al riesgo de botulismo 

Dado que esta toxina carece de rastro visual, olfativo o gustativo, la prevención es nuestra mejor herramienta. Ante este peligro silencioso, el SENASA ha publicado una serie de pautas esenciales para evitar el desarrollo de la enfermedad.

El botulismo no es un tema menor. Se trata de una intoxicación causada por la toxina de la bacteria Clostridium botulinum. Este microorganismo vive en el suelo y el agua, pero se vuelve peligroso cuando queda atrapado en ambientes sin oxígeno, como frascos mal esterilizados o conservas caseras deficientes.

La bacteria Clostridium botulinum se encuentra en el suelo en forma de esporas resistentes. Estas esporas son inofensivas hasta que encuentran el «ambiente perfecto» para activarse y liberar la toxina.

El mayor riesgo del botulismo reside en su capacidad de pasar desapercibido. A diferencia de otros contaminantes alimentarios que delatan su presencia mediante el mal olor, un sabor agrio o cambios evidentes en la apariencia, la toxina botulínica es indetectable para los sentidos humanos: no se ve, no se huele ni se saborea.

Ante este «peligro silencioso», no podemos confiar en nuestra intuición al abrir un frasco; debemos confiar en la seguridad del proceso. Por ello, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) ha establecido pautas rigurosas de prevención que actúan como la única barrera efectiva entre este patógeno y nuestra mesa.

Los alimentos de mayor riesgo

La bacteria prospera cuando falla la higiene, la temperatura de cocción es insuficiente o el nivel de acidez (pH) no es el adecuado. Ten especial cuidado con:

  • Vegetales envasados: Morrones, berenjenas, espárragos y pepinillos.
  • Mezclas: Escabeches y conservas mixtas con un pH igual o mayor a 4,5.

La regla de oro: Comprar con inteligencia

Para garantizar que lo que llevas a tu mesa es seguro, el SENASA recomienda consumir únicamente productos de establecimientos habilitados.

Señales de alerta en el envase

Incluso si tiene etiqueta, el estado físico del frasco habla por sí solo. Descartá inmediatamente el producto si notas:

  1. Pérdida de líquido o gas al manipularlo.
  2. Líquidos turbios, presencia de espuma o burbujas extrañas.
  3. Alteraciones visibles en el color, el olor o la textura del contenido.
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