El Senasa supervisa la producción de harina de insectos para consumo animal

El acompañamiento del Senasa a este novedoso proyecto incluye la creación de una nueva categoría de actividad productiva: la de establecimientos de cría de insectos para consumo.

En los últimos años se han propuesto a los insectos como el alimento del futuro, sin embargo, surge la siguiente pregunta: ¿realmente se podrían usar como una alternativa de alimentación en la actualidad? Así el objetivo de la presente revisión fue analizar si los distintos tipos de productos en base a insectos son una buena opción para la alimentación humana y animal.

En el mundo hay más de 1.900 especies de insectos comestibles, sin embargo, los más utilizados en la producción de alimentos para humanos son grillos, larvas de mosca soldado negra y gusanos de la harina . Para alimentación animal generalmente son los dos últimos mencionados; por tanto, esta revisión se centra en éstos.

Para humanos existe una gran cantidad de alimentos que contienen insectos como: barras de cereal, pastas, bebidas, cervezas, hamburguesas, golosinas para niños, “snacks” y también insectos deshidratados. 

La utilización de esta materia a base de insecto, también tiene como objetivo la alimentación de animales, lo que podría expandirse rápidamente en el mercado.

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Un proyecto con la supervisión de Senasa

La producción de harina de insectos con destino al consumo animal es un novedoso proyecto que, bajo la supervisión del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), lleva adelante la empresa Procens en el Parque Industrial de la ciudad bonaerense de Balcarce.

Este modelo innovador se basa en la cría de larvas de mosca “Soldado Negra”, que son alimentadas con residuos orgánicos de cáscara de papa. Con ellas se elabora una harina con proteína premium para la alimentación animal y biofertilizantes.

“Tratamos de inspirarnos en los ciclos naturales para poner nuestro trabajo al servicio del sistema agropecuario y transformar desperdicios alimenticios en nuevos nutrientes para las plantas y los animales, cuidando la sanidad vegetal, animal y de los humanos”, explicó Julien Laurençon, cofundador y director general de Procens.

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Asimismo destacó que “las instituciones están acompañando la innovación del modelo productivo apoyando iniciativas como las nuestras que proponen modelos sustentables y que cuidan el ambiente, que en nuestro caso es un eje central”.

Durante su reciente gira federal de trabajo por el Plan GanAr, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez, recorrió esta primera biofábrica de insectos del país para interiorizarse sobre su funcionamiento.

También la presidenta del Senasa, Diana Guillén, estuvo hace pocos días en las instalaciones de la biofábrica conociendo de primera mano su funcionamiento y los beneficios del producto.

Buscamos que estas producciones cumplan con los requisitos de inocuidad y para ello debimos trabajar en nuevas normas que regulen este tipo de emprendimientos para dar las garantías correspondientes de que el producto es apto para el consumo animal”, explicó Guillén.

“Hace ya dos años y medio que venimos trabajando con Senasa porque desde el inicio sabíamos que para poder desarrollar una nueva industria en el país el Estado debe conocerla y regularla. La creación de un marco regulatorio es esencial para el desempeño de este proyecto”, refirió Francois Nolet, cofundador y director de operaciones de Procens.

El acompañamiento del Senasa a este novedoso proyecto incluyó la creación de una nueva categoría de actividad productiva: la de establecimientos de cría de insectos para consumo, concretando el primer paso que es la inscripción de la empresa en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (Renspa), que funciona en el ámbito de su Dirección Nacional de Sanidad Animal, una innovación en la normativa destacada por los propios productores.

Asimismo la Dirección Nacional de Inocuidad y Calidad Agroalimentaria del organismo trabaja en una normativa que le permita a la empresa obtener una habilitación como establecimiento faenador.

La coordinadora General de Inocuidad y Calidad Agroalimentaria del Senasa, Ángela González Gentile, refirió: “La idea es tratar a los insectos de la misma manera que lo hacemos con cualquier especie animal destinada a consumo. Por ejemplo, considerar el bienestar animal, es decir, insensibilizar a las larvas antes de su procesamiento”.

“Estamos contentos por el acompañamiento que recibimos desde el Senasa y la apertura que muestran para acompañar proyectos innovadores y novedosos”, indicaron Laurençon y Nolet.

Productos

Uno de los productos que elabora la empresa es un concentrado proteico elaborado a base de insectos criados en Argentina sobre subproductos agroindustriales trazables y de origen vegetal.

Este producto es el resultado de larvas deshidratadas, desgrasadas y molidas. Un proceso totalmente natural que no requiere ningún solvente químico, y podría utilizarse en formulaciones de alimentos premium para mascotas, ya que sus proteínas son fácilmente digeribles y tiene propiedades hipoalergénicas, antioxidantes y antimicrobianas.

“Es importante apoyar a todos los emprendimientos en especial aquellos vinculados al cuidado del medio ambiente como es este caso en particular. La empresa reutiliza los desperdicios de cáscara de papa para la generación de productos con alto valor proteico. Estamos trabajando en forma conjunta para que este tipo de propuestas sustentables se adapten a las normativas nacionales e internacionales”, explicó Manuel Baldovino, director del Centro Regional Buenos Aires Sur del Senasa en cuya jurisdicción se asienta la empresa.

Iniciada hace menos de una década, la cría de insectos para la alimentación animal es una industria innovadora en crecimiento y la Argentina cuenta con varias ventajas para el desarrollo de este tipo de iniciativas: tecnologías de los alimentos; acceso a instituciones científicas calificadas; mano de obra y materia prima competitiva; un mercado local potente y canales de exportación desarrollados.

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