La fina relación de las abejas con el café

La apicultura es otro recurso valiosísimo para un caficultor, no solo porque en muchos países la producción de miel ha bajado, sino porque su familia se verá directamente beneficiada, ya que además de producir miel y venderla.

¡El café es un pequeño placer muy extendido que nos gusta tomar en muchas situaciones! Su sabor único y el contenido en cafeína contribuyen a hacer de esta bebida algo de lo que no se puede prescindir. No debemos olvidar que la cafeína tiene una fuerte acción excitante en el sistema nervioso central, especialmente en el nivel cortical. Pero, ¿por qué el café contiene cafeína?

La cafeína como plaguicida natural.

No es casual que la planta de café contenga cafeína. Esto actúa como un pesticida natural creando un sistema de defensa integrado contra numerosas plagas (caracoles, hormigas …). Pero también hay insectos a los que precisamente les gusta la cafeína.

En la planta del café encontramos unas bayas rojas (frutos del tamaño de una cereza). Cada baya contiene una semilla plana. En las bayas de las plantas de café encontramos el néctar de la cafeína: la verdadera fascinación de numerosos insectos como las abejas. La razón por la que millones de abejas vuelan sobre estas plantas para chupar el néctar de café no es puramente accidental, el sabor indiscutible, pero sobre todo el néctar que se encuentra en el interior hace que esta bebida sea irresistible incluso para las abejas.

Las abejas están consideradas como el ser vivo más importante del planeta, por la función primordial que guardan en los procesos naturales de gestación de plantas y flores. Gracias a ellas la mayoría de alimentos como frutas y verduras llegan hasta nuestras mesas, por lo que estudiar el comportamiento de estos insectos bicolores se ha convertido en una tarea primordial para el hombre.

Las abejas acuden al dulce llamado de las flores en busca de néctar y en una danza muy colorida, llenan involuntariamente sus pequeños cuerpos con polen que luego va a parar a otra flor. Y aunque parece un proceso simple, en realidad guarda más secretos de lo que imaginamos. Parece que las abejas tienen preferencia por aquellas flores cuyo aroma sería el equivalente a una buena taza de café matutina para los humanos.

Una elección no tan sencilla 

Elegir la mejor flor para posarse sobre ella y recolectar néctar, no es una tarea sencilla para los polinizadores. No poseen una vista peculiarmente buena cuando se trata de distancias grandes, pese a que tienen una visión ultravioleta que parece más un mundo lleno de explosión de colores que los humanos no tenemos la capacidad de observar. Este sentido no funciona bien a grandes distancias, así que en esos casos se guían más por el olfato.

Con anterioridad ya se sabía que el dulce aroma de la cafeína, que se encuentra naturalmente en flores de café y los cítricos, gusta a las abejas. Es un factor importante para que se vuelvan clientes frecuentes de este tipo de flores. Pero se ha encontrado que no sólo se trata de un gusto gastronómico para ellas, sino que tiene un efecto sutil en el comportamiento de las abejas y su rendimiento de aprendizaje. La velocidad se ve ligeramente alterada y esto a su vez, esto altera la cantidad de flores que visitan al día.

Para comprobar estas aseveraciones, un grupo de investigadores de Greenwich prepararon las condiciones para asociar a tres grupos de abejas distintos a distintos aromas. Se asoció al primer grupo con un aroma de la flor de fresa y una recompensa de una solución azucarada con cafeína. El segundo grupo se asoció casi de la misma manera, salvo que la recompensa sólo fue una solución azucarada. Finalmente, el tercer grupo, únicamente obtuvieron una solución azucarada pero sin asociación a un flor.

Resultados inesperados 

Cuando las abejas estuvieron habituadas a estos aromas, se soltaron indiscriminadamente para observar su comportamiento. Las flores presentes eran flores de fresa, olor al que ya estaban expuestas o flores distractoras con otro olor. Si inicialmente no hubieran aprendido asociaciones con el olor de flor de fresa, probablemente las abejas habrían visitado a todas las flores por igual. Sin embargo, El 70.4% de las abejas asociadas a la cafeína, visitaron primero las flores de fresa, lo que supera mucho más que la casualidad. En contraparte, el 60% de las abejas que se asociaron al olor a fresa pero no a la cafeína, visitaron las flores de fresa. Y finalmente, el 44.8% de los polinizadores que sólo recibieron azúcar, visitaron las flores de fresa.

Las evidencias muestran que la cafeína tuvo un impacto notable en la mejora de la capacidad de las abejas para reconocer flores de fresa. Sin embargo, la preferencia no duró mucho tiempo. Las abejas inducidas al olor a café superaron rápidamente su gusto por las fresas y comenzaron a visitar las demás flores distractoras casi por igual.

“Esto es algo que podríamos haber anticipado, porque las abejas obtuvieron azúcar sin importar si visitaron la flor objetivo o la flor distractora”, explicó Sarah Arnold de la Universidad de Greenwich. “De alguna manera, estaban desaprendiendo tan rápido como estaban aprendiendo”. Lo que significa que la cafeína podría mejorar la cognición de las abejas y aumentar las habilidades de aprendizaje motor.

El comportamiento de las abejas supera el entendimiento humano, pese a que han sido ampliamente investigadas parece que todavía guardan amplios secretos. Sus lenguajes rayan en la complejidad y hasta han desarrollado un sistema de comunicación muy detallado. Quizá nunca lleguemos a desvelar todos sus secretos, pero por ahora nos resta cuidar de estos seres vibrantes, los más importantes del planeta. 

Referencias:
Arnold, S. Dudenhöffer, J. Fountain, M. (2021). Bumble bees show an induced preference for flowers when primed with caffeinated nectar and a target floral odor. Current Biology. DOI

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