Arboles ya preparados para temperaturas cálidas más extremas

Un estudio del Trinity College de Dublín reveló que plantas perennes como el acebo y la hiedra, a diferencia de árboles caducifolios como el abedul y el roble, están mejor adaptadas a resistir temperaturas más altas.

Estudios recientes han confirmado que el incremento global de CO₂ está permitiendo a los bosques utilizar el agua de manera más eficiente, tal como predecían los modelos climáticos. Investigadores de Trinity College han demostrado que este fenómeno ya es observable en los últimos 25 años. Sin embargo, esta adaptación no es uniforme entre todas las especies.

Se espera que los árboles en climas más fríos, como Irlanda, se beneficien significativamente de este cambio, aumentando su capacidad de prosperar en condiciones cambiantes.

Un equipo de investigadores liderado por la profesora de botánica Jennifer McElwain de la Trinity University ha realizado un hallazgo sorprendente. Según un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Science Advances, los árboles y arbustos perennes están demostrando ser más eficientes en el uso del agua que las especies de hoja caduca en regiones más frías a medida que aumentan los niveles de CO2 en la atmósfera. Sin embargo, este patrón no se observa en zonas con climas más cálidos, lo que plantea nuevas interrogantes sobre cómo las plantas responden al cambio climático.

«Nuestros hallazgos no solo ofrecen una nueva visión sobre el tema, sino que también nos permiten realizar proyecciones concretas sobre el impacto del cambio climático en los bosques mundiales. Los resultados indican que, en un futuro con mayores concentraciones de CO₂, las especies de hoja perenne se verán favorecidas en comparación con las caducifolias, especialmente en regiones templadas como Irlanda y otras latitudes similares.» según afirma la especialista.

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Hidrológicamente hablando, el agua es indispensable para los procesos fisiológicos de las plantas, desde la absorción de nutrientes hasta la transpiración. En entornos naturales, la escasez de agua puede limitar drásticamente el crecimiento y la reproducción de las especies vegetales.

El aumento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera está reconfigurando la vegetación terrestre. Las especies perennes, gracias a su adaptación para conservar el agua, se perfilan como las grandes beneficiarias de este cambio. En un futuro de sequías más prolongadas, su dominancia en los ecosistemas podría ser aún más pronunciada.

Este nuevo estudio, respaldado por Science Foundation Ireland, ha puesto de manifiesto la influencia del cambio climático en la morfología foliar de plantas perenne y caducifolias. A través de un exhaustivo análisis comparativo de hojas de herbario, los investigadores han demostrado que las alteraciones en las hojas son más pronunciadas en las regiones más frías del planeta, revelando una respuesta diferencial de las plantas al calentamiento global.

El equipo emprendió una ambiciosa campaña de investigación, explorando la respuesta de árboles y arbustos a lo largo de un gradiente climático excepcional, desde los exuberantes trópicos de Fiji hasta los gélidos bosques boreales de Alaska. Durante tres décadas, rastrearon cómo estas especies leñosas han respondido al cambio climático antropogénico, ofreciendo una visión sin precedentes de la variabilidad de las respuestas vegetales a nivel global.

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El profesor McElwain alerta sobre un posible cambio radical en los bosques irlandeses. El aumento del CO₂ podría intensificar la competencia entre especies, favoreciendo a las perennes como la hiedra y el acebo. Con la disminución de agua, estas plantas podrían desplazar a las caducifolias tradicionales como el abedul y el roble. Esta dinámica plantea un desafío para futuros jardineros, silvicultores y paisajistas, quienes deberán adaptarse a estos nuevos escenarios forestales.

Un estudio paleobotánico revela que hace 50 millones de años, durante el Eoceno, los bosques europeos estaban compuestos principalmente por árboles de hoja perenne. Esta predominancia se atribuye a su capacidad para prosperar en un clima cálido y con altos niveles de dióxido de carbono, condiciones similares a las que enfrentamos hoy.

Los científicos creen que estos hallazgos podrían ser clave para predecir cómo los bosques responderán al cambio climático actual. Al analizar su extenso conjunto de datos, buscan identificar las especies de árboles más resistentes a las sequías y al calor, información vital para diseñar estrategias de gestión forestal y conservación en un futuro incierto.

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