El aceite de soja se disparó por la crisis petrolera y alcanzó su máximo en cuatro años

El mercado internacional de aceites vegetales atraviesa un fuerte reacomodamiento impulsado por la crisis energética global y el crecimiento de los biocombustibles. En ese contexto, el aceite de soja registró una fuerte suba en las últimas semanas y alcanzó su valor más alto desde 2022, traccionado por el salto del petróleo y la mayor demanda para producción de biodiésel.

La escalada comenzó tras el agravamiento del conflicto en Medio Oriente y las tensiones sobre el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores mundiales para el transporte de crudo. El escenario disparó el precio internacional del petróleo, que pasó de rondar los US$60 por barril a superar los US$120 en pocos días.

Ese movimiento impactó directamente sobre los aceites vegetales utilizados como combustibles renovables. En Chicago, el contrato de aceite de soja mostró una suba superior al 50% en pocas semanas y alcanzó valores cercanos a los US$1.650 por tonelada para posiciones futuras, el nivel más alto en casi cuatro años.

El avance de los biocombustibles aparece como uno de los principales motores. Tanto el aceite de soja como el de palma vienen ganando protagonismo dentro de las estrategias energéticas de distintos países que buscan reducir la dependencia de combustibles fósiles.

Uno de los casos más relevantes es Indonesia, el mayor productor mundial de aceite de palma. El país asiático ya aplica una mezcla obligatoria de 40% de biodiésel y proyecta elevarla al 50% el próximo año. La política apunta a disminuir importaciones de gasoil y fortalecer el consumo interno de aceites vegetales.

Diferencias en los mercados

En Argentina, el impacto sobre los precios fue mucho más moderado. El aceite de soja FOB en los puertos del Up River registró subas menores a las observadas en Chicago, reflejando que el mercado local todavía mantiene un perfil más vinculado al consumo alimentario y exportador que al uso energético.

El complejo sojero argentino sigue siendo uno de los mayores exportadores mundiales de aceite y harina, aunque el mercado internacional comienza a mostrar nuevas tensiones comerciales.

En paralelo al salto de precios, surgió una nueva preocupación para la agroindustria nacional. Importadores europeos detectaron embarques de harina de soja argentina con presencia de eventos transgénicos que no están aprobados dentro de la Unión Europea.

El conflicto se originó tras rechazos registrados en Países Bajos, uno de los principales puntos de ingreso de mercadería al bloque europeo. Los análisis detectaron variedades de soja resistentes a sequía autorizadas en Argentina y China, pero todavía no habilitadas por la Unión Europea.

La situación generó inquietud entre operadores y compradores europeos, ya que el bloque representa cerca del 30% de las exportaciones argentinas de harina de soja. Actualmente, Argentina coloca alrededor de 8 millones de toneladas anuales de este producto en el mercado europeo.

Un mercado cada vez más sensible a la energía

El nuevo escenario confirma cómo los mercados agrícolas y energéticos están cada vez más conectados. El precio del petróleo, las políticas debiocombustibles y las regulaciones ambientales internacionales ya tienen un impacto directo sobre el valor de los subproductos agrícolas y sobre la dinámica exportadora de países como Argentina.

Mientras el aceite de soja gana terreno como insumo energético, el sector agroindustrial argentino enfrenta el desafío de sostener competitividad y cumplir con las crecientes exigencias sanitarias y comerciales de sus principales compradores.

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