El conflicto en Medio Oriente ya comienza a sentirse en el agro argentino. El fuerte aumento de los precios internacionales de la energía y los fertilizantes está impactando de lleno en los costos de producción y en la logística, generando una creciente presión sobre la rentabilidad del sector.
Un informe del Estudio Económico de la Sociedad Rural Argentina advirtió que el escenario internacional, abierto a fines de febrero de 2026, se está trasladando al esquema productivo local a través de dos canales clave: el encarecimiento del gasoil y el aumento de los fertilizantes nitrogenados.
Desde el inicio del conflicto y hasta fines de marzo, el precio del petróleo subió entre 42% y 50%, mientras que en Argentina el gasoil grado 2 aumentó alrededor de un 22%. En paralelo, la urea —insumo central para la fertilización— registró subas superiores al 36% a nivel internacional y cerca del 42% en el mercado local.
Impacto directo en cosecha y transporte
El principal efecto se da a través del costo energético. El gasoil representa aproximadamente el 15% del costo de cosecha y cerca de un tercio del transporte de cargas.
En este contexto, la suba del combustible implica un aumento cercano al 3,3% en el costo de cosecha y de entre 6% y 7% en los fletes agrícolas, convirtiéndose en el impacto más inmediato sobre la campaña gruesa 2025/26.
Sin embargo, el efecto no es uniforme. La distancia a los puertos juega un rol determinante: cuanto más lejos se encuentra la producción, mayor es el impacto en los costos logísticos.
Un flete de 300 kilómetros pasó de 35 a 38 dólares por tonelada; a 800 kilómetros, de 61 a 65 dólares; y a 1.100 kilómetros, de 70 a 75 dólares. Esta dinámica profundiza las diferencias regionales y afecta especialmente a las zonas más alejadas de los centros de exportación.
Menor precio para el productor
El aumento del costo logístico también reduce el valor efectivo que recibe el productor.
En establecimientos ubicados a 300 kilómetros del puerto, la incidencia del flete en el precio de la soja pasó del 11% al 12%, mientras que en el maíz subió del 20% al 21%, evidenciando un impacto mayor en cultivos con menor valor por tonelada.
El segundo canal de impacto es el de los fertilizantes, directamente vinculado al precio internacional del gas.
Mientras la urea registró fuertes subas, los fertilizantes fosfatados mostraron incrementos más moderados: el DAP aumentó 4,6% y el MAP 1,5%. Sin embargo, el informe advierte que, si el contexto internacional persiste, estos valores podrían seguir escalando en los próximos meses.
Alerta para la campaña fina
De cara a la campaña fina 2026/27, el escenario se vuelve más desafiante, especialmente para el trigo.
Según las proyecciones, los costos de producción podrían aumentar un 9,5% en campos ubicados a 300 kilómetros del puerto y hasta un 11% a 600 kilómetros. En términos absolutos, esto representa unos 58 dólares adicionales por hectárea, explicados principalmente por el aumento de la fertilización nitrogenada (39 USD/ha) y del gasoil y transporte (19 USD/ha).
Las perspectivas indican que la magnitud final del impacto dependerá de la duración del conflicto y de su coincidencia con las decisiones productivas.
Mientras que en la campaña actual el efecto se concentra en la cosecha y la logística, una prolongación del escenario podría trasladarse con mayor fuerza a la próxima siembra.




