La clave para un negocio ganadero rentable y responsable está en la gestión del pastoreo: planificar las rotaciones permite recuperar el suelo y potenciar la biodiversidad del entorno.
La ganadería argentina se encuentra en el centro de una ambiciosa iniciativa global: el proyecto CurveBend. Esta alianza internacional entre Argentina, Países Bajos, Kenia y Tanzania propone que la recuperación de la biodiversidad no es solo un objetivo ambiental, sino el motor principal para sostener la rentabilidad y productividad frente al cambio climático.
La ganadería en Argentina no es solo una actividad económica; es un pilar de la identidad nacional y un motor fundamental para el desarrollo del país. Desde las pasturas de la Pampa Húmeda hasta el monte chaqueño y la estepa patagónica, esta industria define el uso del suelo y la cultura de sus regiones.
La cadena cárnica y lechera genera cientos de miles de puestos de trabajo directos e indirectos, desde el peón de campo y el veterinario hasta el transportista y el trabajador del frigorífico.
El pastoreo planificado como herramienta regenerativa
Rodrigo Tizón, investigador del INTA Bordenave, sostiene que el manejo racional y la asignación variable de carga animal permiten que la ganadería actúe como un proceso de restauración. Los beneficios de esta «ganadería regenerativa» son directos para el productor:
- Blindaje contra sequías: Mejora la infiltración de agua y aumenta la materia orgánica del suelo.
- Estabilidad del sistema: Promueve la reaparición de gramíneas nativas con raíces profundas.
- Suelo vivo: Estimula el rebrote de especies y una mejor redistribución de nutrientes.
Ciencia aplicada: Indicadores y salud del suelo
Para que este manejo no sea al azar, el proyecto desarrolla indicadores específicos que miden la «salud» de los pastizales. A través de la riqueza florística, la cobertura verde y parámetros biológicos, los productores pueden tomar decisiones precisas para evitar la sobrecarga en sectores sensibles y ajustar sus estrategias en tiempo real.
Una alianza global de siete años (2025–2032)
Financiado por el Consejo de Investigación de los Países Bajos (NWO), CurveBend busca demostrar que es posible producir carne mientras se protege el ecosistema. Manuela Fernández, del INTA Bariloche, destaca dos ejes clave:
- Manejo adaptativo: Recuperar pastizales degradados mediante descansos estacionales.
- Protección del bosque nativo: Conservar árboles maduros que proveen sombra y regulan el microclima, factores críticos para el bienestar animal.
Diversidad de paisajes: De Entre Ríos al Sudoeste Bonaerense
El proyecto adapta sus soluciones a la realidad de cada región:
- En Entre Ríos: El foco está en los bosques xerófilos del Espinal (algarrobos y ñandubay), donde la estructura del bosque depende directamente del manejo ganadero.
- En Buenos Aires: Se trabaja en la recuperación de los pastizales abiertos, cuya extensión histórica se ha visto reducida por el avance agrícola.
Hacia una ganadería integrada: La meta es clara: transformar la pérdida de especies en una tendencia de recuperación, consolidando sistemas donde producir y conservar sean las dos caras de una misma moneda rentable.
Con información de: https://www.argentina.gob.ar/




