La evolución del clima durante la segunda mitad de 2026 y comienzos de 2027 será determinante. Algunos especialistas incluso advierten que El Niño podría intensificarse durante el cuarto trimestre y alcanzar una magnitud excepcional.
El mundo agrícola llega a este nuevo episodio de El Niño mejor preparado que décadas atrás. La mayor producción, los stocks estratégicos, las nuevas variedades genéticas, el riego y las tecnologías de monitoreo ofrecen herramientas para amortiguar el impacto de sequías, lluvias excesivas y otros eventos climáticos extremos.
El fenómeno ya genera efectos sobre la implantación de cultivos en Asia y Australia, mientras India atraviesa un monzón irregular. Sin embargo, la combinación de mayores reservas, variedades más resistentes, agricultura de precisión y mejores pronósticos podría evitar una crisis alimentaria como las registradas durante los fuertes episodios de 1997-98 y 2015-16.
Según analistas y la FAO, desde la década de 1980 la producción agrícola mundial creció por encima del consumo y de la población, impulsada por variedades de mayor rendimiento, fertilización, riego y mejores sistemas de protección de cultivos.
India y China, claves por sus reservas
India concentra enormes stocks de arroz, equivalentes a más de un año del volumen total de las exportaciones mundiales. Aunque el clima genera preocupación, la recuperación de la siembra y las lluvias de agosto y septiembre serán determinantes para definir los rindes.
China también cuenta con una importante reserva estratégica: concentra casi la mitad de los stocks mundiales de trigo. Esa disponibilidad podría reducir su necesidad de importar si una sequía afecta a Australia, uno de los principales proveedores internacionales.
En el sudeste asiático, las variedades de arroz de ciclo corto permiten además adaptarse mejor a los cambios en el régimen de lluvias monzónicas.
Brasil y Rusia transformaron el comercio mundial
El mapa agrícola también cambió significativamente en las últimas décadas. Brasil se convirtió en el principal exportador mundial de soja, con embarques que se multiplicaron más de 13 veces desde El Niño de 1997-98.
En trigo, Rusia pasó a ocupar un papel central en el mercado internacional, con exportaciones que alcanzaron unos 48 millones de toneladas el año pasado, frente a cerca de 1 millón durante 1997-98.
A esto se suman híbridos de maíz tolerantes a la sequía, variedades de trigo más resistentes al calor y al déficit hídrico y herramientas de agricultura de precisión. Satélites, mapas de humedad, pronósticos estacionales y aplicaciones de insumos mediante GPS permiten anticipar decisiones y reducir riesgos.

Más tecnología, pero también nuevos riesgos
La mayor capacidad de respuesta no significa que el agro esté fuera de peligro. Los conflictos internacionales, el costo del combustible y el encarecimiento de los fertilizantes pueden limitar la capacidad de los productores para sostener los niveles de productividad.
La evolución del clima durante la segunda mitad de 2026 y comienzos de 2027 será determinante. Algunos especialistas incluso advierten que El Niño podría intensificarse durante el cuarto trimestre y alcanzar una magnitud excepcional.
El gran interrogante, entonces, no es solamente si el mundo está preparado para un nuevo El Niño, sino hasta qué punto las reservas, la tecnología y la transformación del comercio agrícola serán suficientes para enfrentar un fenómeno de intensidad extrema.




