En un contexto internacional adverso y con el riesgo país por encima de los 600 puntos, el Gobierno decidió recalibrar su estrategia financiera y postergar el regreso a los mercados internacionales. La prioridad ahora pasa por sostener la estabilidad local y apostar a una recuperación de la actividad económica en el segundo trimestre.
La decisión se da en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, que impactó de lleno en los activos de riesgo a nivel global, afectando especialmente a los mercados emergentes. En ese escenario, los bonos argentinos volvieron a mostrar debilidad, alejando la posibilidad de financiamiento externo en condiciones razonables.
Frente a este panorama, el Ministerio de Economía optó por un cambio de rumbo: los próximos vencimientos de deuda se cubrirán con emisiones en el mercado local, ingresos por privatizaciones y otras fuentes alternativas de financiamiento, que hoy resultan más accesibles que el crédito internacional.
Si bien algunos informes del exterior estiman que el riesgo país argentino debería ubicarse en niveles más bajos, el mercado mantiene una postura cautelosa pese a señales como el superávit fiscal y la acumulación de reservas por parte del Banco Central.
Dólares, tipo de cambio y tensiones
A contramano de lo que ocurre en otros países, el tipo de cambio en Argentina se mantuvo relativamente estable desde el inicio del conflicto, impulsado por un flujo sostenido de divisas y las restricciones cambiarias vigentes.
Esto derivó en una apreciación del tipo de cambio real cercana al 10% en lo que va del año, encareciendo la economía en dólares y abriendo interrogantes sobre la sostenibilidad de este esquema en el mediano plazo.
Al mismo tiempo, el elevado nivel de depósitos en dólares —que ya ronda los USD 39.000 millones— le otorga al Gobierno cierto margen para afrontar compromisos financieros. En esa línea, se analiza la emisión de deuda en moneda extranjera bajo legislación local para cubrir próximos vencimientos.
Sin embargo, el contexto financiero también impacta en provincias y empresas, que enfrentan tasas cercanas al 10% para acceder al crédito externo, lo que complica nuevos proyectos de financiamiento.
Inflación, energía y escenario global
El conflicto internacional ya empezó a tener efectos en la economía doméstica, especialmente a través del aumento en los precios de la energía. La suba del petróleo presionó sobre los combustibles, aunque por el momento los ajustes se mantienen contenidos para evitar un traslado pleno a la inflación.
Las proyecciones privadas anticipan que la inflación de marzo podría ubicarse en torno al 3%, con chances de moderarse en abril si no se profundiza la tensión internacional y se estabilizan los precios energéticos.
Claves para la recuperación
Más allá de las tensiones, el Gobierno apuesta a una serie de factores que podrían impulsar la actividad en los próximos meses. Entre ellos se destacan la desaceleración inflacionaria, la recuperación del salario real, el ingreso de divisas de la cosecha gruesa y una mayor circulación de dinero en la economía.
Algunos sectores ya muestran señales positivas, como el agro, el sistema financiero y la pesca, que registraron crecimiento en los últimos meses. Sin embargo, otros rubros clave como la industria, el comercio y la construcción continúan rezagados, lo que limita el impacto de la recuperación en el empleo.
En este escenario, el desafío oficial será sostener la estabilidad macroeconómica mientras intenta consolidar un repunte que todavía se percibe incipiente y desigual.




