Guía técnica de precampaña: Análisis de suelos, balance hídrico y nutrición vegetal

Especialistas del INTA instan a los productores a fortalecer la etapa de pre-siembra mediante el monitoreo de variables críticas y la gestión de nutrientes. La integración de modelos de doble cultivo se perfila como la herramienta técnica recomendada para alcanzar la eficiencia productiva en el ciclo venidero.

En Argentina, la campaña de granos finos (otoño-invierno) liderada por el trigo y la cebada— se define por una gestión estratégica de los recursos limitados. A diferencia de la campaña de verano, aquí el éxito depende de lo que el suelo ya tiene «en el banco» al momento de la siembra.

Frente al déficit nutricional de los suelos, el INTA Oliveros (Santa Fe) subraya la importancia de optimizar el manejo para la próxima campaña fina. Las claves para mantener la productividad radican en la rotación de cultivos, una fertilización adecuada y el diagnóstico preciso del suelo.

Fernando Salvagiotti, referente del INTA, destaca que el punto de partida debe ser la medición del agua almacenada en el perfil. Esta evaluación permite decidir qué sembrar y cuándo hacerlo, un factor crítico en zonas donde el rendimiento depende de la reserva hídrica inicial ante la escasez de lluvias invernales.

En sintonía con la planificación, la fertilización se vuelve un factor clave. Fernando Salvagiotti advierte sobre las deficiencias actuales en el manejo nutricional, especialmente respecto al nitrógeno. Para revertir esto, recomienda realizar análisis de suelo (idealmente hasta los 60 cm) entre mayo y junio. Este diagnóstico previo a la siembra es vital para calcular la disponibilidad de nitratos y precisar la dosis necesaria.

Bajo este escenario, fraccionar la fertilización nitrogenada aparece como una táctica inteligente. Esta modalidad, sumada a una elección correcta de la fuente, ofrece flexibilidad tanto para el desarrollo del cultivo como para el bolsillo del productor. Asimismo, el especialista remarca que no hay que perder de vista el fósforo y el azufre, pensando siempre en la rotación completa: “No debemos fertilizar solo para el trigo; descuidar el segundo cultivo del esquema de doble propósito limita el potencial productivo global”.

La planificación de esquemas de doble cultivo (trigo/soja o trigo/maíz) requiere un enfoque integral de la rotación. Es fundamental que la fertilización se diseñe en función del sistema completo y no solo del primer cultivo, evitando así desajustes nutricionales. Asimismo, dada la dependencia del trigo respecto a la reserva hídrica inicial en la región pampeana, se aconseja monitorear la humedad del suelo hasta los dos metros de profundidad para diagnosticar la recarga del perfil y anticipar el rendimiento.

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