La sostenibilidad económica de los invernaderos

Cuando los productores deciden buscar la sostenibilidad de los cultivos en invernadero, se enfrentan a nuevos retos. La ventaja es que los productos y las prácticas que permiten un enfoque totalmente orgánico, o incluso más sostenible.

Los invernaderos tradicionalmente han sido fuente de polémicas en torno a si el uso de energía y agua que requieren está justificado o no, a sí existe sobreexplotación de la tierra, si son instalaciones eficientes energéticamente hablando.

La producción de cultivos sostenibles en invernaderos se basa en tener el menor impacto perjudicial sobre el medioambiente.

Esto significa que los agricultores deben considerar el impacto a corto y largo plazo de lo que están haciendo. Es importante que se esfuercen por alcanzar el equilibrio ecológico, además de los costes y beneficios socioeconómicos. Se trata de un enfoque más amplio que el de marcar la casilla de las mejores prácticas.

Los cultivos hortícolas, ornamentales y frutales se cultivan en todo el mundo en condiciones de invernadero. Este tipo de cultivos se producen de manera intensiva y consiguen rendir diez veces más que un cultivo de campo.

A primera vista puede parecer impactante, pero está demostrado que el agrosistema invernadero, especialmente los que no consumen combustibles fósiles, como es el caso de los invernaderos solares de Almería, son respetuosos con el medio ambiente. Son, además, una herramienta esencial para garantizar el derecho universal a la alimentación.

La Tierra se encuentra muy presionada por la actividad humana. La población, en constante aumento, necesita alimentarse, pero también garantizar la salud del planeta si quiere sobrevivir. En este entorno se enmarca la intensificación sostenible o, lo que es lo mismo, “producir más con menos”. Y es aquí donde entran en juego los invernaderos del sureste español.

El sector debe trasladar al consumidor final las bondades del agrosistema invernadero y encarar los grandes retos para mejorar su imagen y afrontar, aun sabiendo que es complicado resolver problemas globales de manera local, el impacto de los flujos internacionales de inmigración irregular. Siempre innovador desde el minuto cero en 1963, cuando se construyó el primer invernadero en la península ibérica, afronta un futuro prometedor. Así lo muestra su solvencia económica, social y ambiental.

Sostenibilidad económica de los invernaderos

Basados en la agricultura familiar, los invernaderos de Almería son un ejemplo único en el mundo de reparto de riqueza. Las más de 32 000 hectáreas de invernaderos en la provincia son en realidad un mar de pequeños minifundios gestionados por más de 15 000 familias que producen alimentos muy saludables de forma respetuosa con el medio ambiente.

Anualmente producen más de tres millones y medio de toneladas de frutas y hortalizas, exportando el 80% a los mercados europeos. Facilitan así el consumo de alimentos saludables a 500 millones de ciudadanos en épocas del año en las que la producción continental no es posible por el rigor climático. Además, incide positivamente, exportando salud, sobre una población afectada por problemas como la obesidad, la diabetes, el cáncer y muchas enfermedades inflamatorias. El consumo de frutas y hortalizas actúa como la mejor medicina.

El sector representa casi el 40% del producto interior bruto de la provincia, con una pujanza cada vez mayor de la industria auxiliar. Ambos tienen en su ADN la investigación y la innovación, donde la Universidad de Almería tiene un papel relevante y una gran capilaridad en el clúster agroalimentario.

Andalucía, gracias a los invernaderos de Almería, es una región líder en Europa en exportación agroalimentaria, puesto que su producción hortofrutícola representa, en valor económico, prácticamente la mitad del total andaluz. Además, ha generado empleo estable, demostrando su pujanza en épocas de crisis como la actual, garantizando el aporte de alimentos a la población en situaciones complicadas como la actual pandemia.

Sostenibilidad social

Almería ha basado su desarrollo en innovaciones tecnológicas como el arenado, el invernadero solar, el riego por goteo, la fertirrigación, la plasticultura y el control biológico. Pero es indudable la importancia que ha tenido la innovación socioeconómica basada en empresas de economía social, donde el cooperativismo ha sido una pieza clave para el desarrollo socieconómico sostenible. No es de extrañar que en la zona se encuentre la mayor concentración de cooperativas del mundo, garantizando el acceso al mercado de la producción procedente de pequeños agricultores.

En este sentido, la integración e incorporación de inmigrantes al modelo de agricultura familiar ha sido relevante. Este colectivo representa más del 65% de los empleados inscritos en el régimen agrario de la provincia, lo que acentúa aún más el marcado carácter social del modelo agrícola en invernadero.

Sostenibilidad ambiental

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueve la agricultura protegida sostenible como una herramienta para garantizar el derecho universal a la alimentación y un medio eficaz de adaptación al cambio climático.

Gracias a la innovación constante en los sistemas de riego de alta frecuencia, la eficiencia en el uso del agua es sobresaliente, siendo la huella hídrica casi veinte veces inferior a la media agrícola nacional. En este sentido, los invernaderos solares no consumen energía fósil, las plantas utilizan el sol para realizar la fotosíntesis y el viento sirve para renovar el aire en el entorno de las plantas. Basan el control climático en la ventilación natural y en el blanqueo de la cubierta, sistemas con consumo prácticamente energético nulo.

No menos destacable es la auténtica revolución verde que ha supuesto el uso masivo de fauna auxiliar para la polinización y el control de plagas, con una tendencia clara hacia la agricultura ecológica.

La aplicación de la economía circular y la bioeconomía ha hecho posible que los residuos se hayan transformado en subproductos. En este sentido, se ha apostado por la trazabilidad total, no sólo de la producción, sino también de los plásticos de cubierta. Se recicla el 100% de estos materiales y se aprovechan los restos vegetales directamente como abonado en verde, compostándolos o transformándolos en alimento para el ganado.

En Almería más del 40% del territorio son espacios naturales protegidos, con una joya extraordinaria como el Parque Natural Cabo de Gata – Níjar. Pero además, la superficie de invernaderos alcanza poco más del 3%, con una densidad de plantación tan elevada que son un auténtico sumidero del principal gas que contribuye al calentamiento del planeta y que los cultivos utilizan para realizar su fotosíntesis.

Invernaderos

Gracias a los invernaderos, el sureste de España es un modelo territorial donde se demuestra la plena viabilidad del binomio crecimiento – sostenibilidad. Respetuosos con el medio ambiente, extremadamente eficientes en el uso de los recursos y únicos en el mundo como ejemplo de reparto de la renta. Ejemplo de adaptación plena al Pacto Verde Europeo y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

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