Los perros salvajes en el campo atentan contra la ganadería y los productores

«Basta de perros al campo»: El desesperado pedido de los productores fueguinos por una política de Estado.

Desde hace 130 años, el indomable paisaje de Tierra del Fuego ha sido el escenario donde los productores transforman el pastizal en carne y lana de exportación. Sin embargo, esta tradición centenaria hoy se desangra. ¿El culpable? El perro asilvestrado.

«Es una lucha de casi medio siglo contra animales que jamás conocieron la mano del hombre», explica Lucila Apolinaire, de la Asociación Rural local. Lo que comenzó como un problema aislado hace 30 años, terminó por desmantelar la producción ovina, obligando a los establecimientos a vender sus tierras o a refugiarse en el ganado bovino Hereford como última línea de defensa. Una metamorfosis productiva forzada por los ataques.

Apolinaire advirtió sobre la creciente gravedad de los ataques de perros asilvestrados, que ya no solo afectan a bovinos y caballos, sino que recientemente terminaron con la vida de 30 llamas de un solo productor. El referente subrayó que el peligro trasciende lo económico: «Es una amenaza para los seres humanos y el equilibrio ambiental».

A pesar de existir una ley de control de poblaciones caninas desde 2018, la falta de financiamiento impide su aplicación real. Apolinaire criticó la ausencia de una política de Estado, señalando que los cambios de gobierno y la actual acefalía en el área de Ambiente —sin autoridades confirmadas desde diciembre— dejan la resolución del conflicto a merced de la voluntad individual, agravando una crisis que afecta a todo el ecosistema.

El grito de auxilio de los productores frente a la crisis de jaurías

En Tierra del Fuego, la paciencia de los productores llegó a su límite. La consigna es tajante: las ciudades deben dejar de «exportar» sus problemas al campo. Bajo el concepto de «fábrica de perros», se denuncia el flujo constante de animales urbanos hacia las zonas rurales, donde se convierten en depredadores.

Las cifras son alarmantes. Se estima una población de 29.000 perros repartidos entre Río Grande, Ushuaia y Tolhuin. A pesar de que la caza está permitida desde 2008, el terreno —dominado por bosques densos y cerros escarpados— juega a favor de los animales, haciendo que el control mediante cámaras trampa sea una tarea casi imposible en la inmensidad del monte.

El fin de la era ovina en Tierra del Fuego: del millón de cabezas al borde de la extinción

La postal de las estepas fueguinas está cambiando drásticamente. De aquel histórico millón de ovejas que alguna vez poblaron la isla, hoy apenas resisten menos de 300.000. La Asociación Rural de Tierra del Fuego, que hoy nuclea a poco más de 50 productores, advierte sobre un declive que parece no tener techo.

La situación ha llegado a un punto crítico: la producción extensiva es prácticamente imposible. «Tenemos las pocas ovejas que nos quedan casi en el jardín de casa y bajo custodia de perros protectores», relata Apolinaire, socio de la institución. El ataque de depredadores (perros asilvestrados) ya no discrimina especies: en un solo invierno perdieron 9 novillos, y la lista de víctimas incluye vacas, caballos y camélidos. La preocupación es humana: «La provincia promueve el turismo, pero caminar por aquí se ha vuelto inseguro. Queremos evitar una tragedia personal».

Compartir en