Aumentan los daños en algodón y girasol. Un reciente informe de Aapresid encendió las alarmas por el avance de la fitotoxicidad en cultivos de alta sensibilidad. Según la institución, el manejo deficiente de productos hormonales está impactando negativamente en hortalizas y granos.
cuando la solución se convierte en un problema. Aunque el 2,4-D, el dicamba y el picloram son aliados clave en los esquemas agrícolas locales, la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid ha lanzado una advertencia clara. Debido a errores en la aplicación, se ha detectado una subida en la fitotoxicidad de cultivos no blanco, lo que pone en evidencia la necesidad de ajustar las estrategias de control de malezas.
El informe destaca un panorama crítico: la afectación abarcó una amplia gama de producciones, incluyendo algodón, girasol, legumbres, vid, frutales y hortalizas. Incluso los lotes de soja no tolerante sufrieron las consecuencias, tanto en aplicaciones de barbecho como en esquemas que ya utilizan biotecnología de tolerancia específica.
Un escenario de alta sensibilidad y conflicto
Desde la REM (Red de Manejo de Plagas) advierten que el avance tecnológico no ha llegado solo. La adopción de cultivos resistentes a herbicidas hormonales —sembrados mayoritariamente en los meses de mayor temperatura— ha disparado los incidentes por volatilización y deriva.
Esta combinación de factores no solo pone en jaque la salud de los cultivos vecinos, sino que incrementa la complejidad de los conflictos entre productores y la sensibilidad del entorno productivo.
Este panorama se ve agravado por un uso cada vez más recurrente y la vulnerabilidad extrema de ciertos cultivos. Esta combinación de factores no solo ha disparado los conflictos entre productores, sino que también ha impulsado la creación de normativas provinciales mucho más rigurosas.
En este contexto, el algodón se posiciona como una de las especies más críticas. Su sensibilidad es tal que incluso dosis mínimas pueden causar daños devastadores. El riesgo aumenta drásticamente si la deriva ocurre durante las etapas avanzadas del ciclo, momento en el que la planta pierde casi toda su capacidad de recuperación.
Fitotoxicidad: Identificación y prevención en el lote
El impacto de los herbicidas fuera del blanco se manifiesta a través de síntomas claros de estrés y malformación. Identificarlos a tiempo es vital para evaluar el daño real en la productividad.
Señales de alerta en el cultivo
Los efectos fitotóxicos más comunes incluyen:
- Deformaciones foliares: Hojas con bordes enrollados (tipo «cuchara»).
- Daño estructural: Tallos y pecíolos retorcidos, junto a un marcado acortamiento de los entrenudos que frena el crecimiento.
- Fallas reproductivas: Aborto de flores y malformación de órganos clave, lo que deriva en una caída drástica del rendimiento.
Caso específico: Algodón En este cultivo, la toxicidad es inconfundible: aparece la famosa “hoja pata de rana” o en abanico. Este síntoma suele ir acompañado de la pérdida de botones florales y deformación de cápsulas, afectando directamente la cosecha final.

La clave está en la aplicación
Para proteger los cultivos vecinos y optimizar el recurso, la normativa no basta; la calidad de aplicación es el factor determinante. Según las recomendaciones de la REM de Aapresid, el foco debe ponerse en:
- Monitoreo Ambiental: Operar estrictamente bajo condiciones óptimas. Se deben evitar las altas temperaturas, la baja humedad y, fundamentalmente, los vientos fuertes o situaciones de inversión térmica.
- Selección de Insumos: Priorizar el uso de formulaciones de baja volatilidad (como ácidos o sales) para reducir el riesgo de deriva, evitando el uso de ésteres en zonas de riesgo.
Con información de: https://www.ellitoral.com/




