Alfalfa: un cultivo estratégico que puede generar y transformar la ganadería argentina

Un clúster productivo advierte que la Argentina tiene condiciones únicas para ocupar un lugar clave en el mercado mundial, pero necesita inversión, planificación y salto industrial para aprovechar la oportunidad.

La Argentina cuenta con ventajas competitivas naturales y técnicas para posicionarse en el negocio global de la alfalfa: buenos suelos, clima favorable, una amplia ventana productiva, conocimiento técnico y producción en contraestación respecto de los principales exportadores. Así lo señala el Clúster de Alfalfa de Córdoba, que agrupa a 115 actores de la cadena y sostiene que el país “tiene un lugar reservado” en ese mercado, aunque todavía no logró consolidarlo.

Sin embargo, el sector enfrenta una coyuntura compleja, marcada por sobreoferta, precios estancados, costos crecientes y una fuerte dependencia del mercado interno. El documento advierte que la idea del “negocio fácil” llevó a muchos productores a ingresar sin el manejo adecuado y subraya que la alfalfa solo es rentable con profesionalización, tecnología y estándares de calidad. Mientras persista la lógica del mercado interno, el negocio seguirá siendo inestable y vulnerable al clima.

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Desde el clúster destacan que fortalecer el cultivo no solo mejora la rentabilidad del productor, sino que impacta positivamente en toda la cadena agropecuaria. Una alfalfa de calidad y volumen constante potencia la ganadería de carne y leche, mejora la competitividad exportadora, favorece rotaciones más sustentables, reduce el uso de fitosanitarios y genera más empleo que otros cultivos extensivos.

El principal cuello de botella identificado es la falta de capacidad de secado industrial, clave para garantizar calidad, bajar la humedad y reducir costos logísticos, que pueden representar hasta el 60% del valor de la tonelada. Por eso, la apuesta central es impulsar una red de plantas de secado industrial en Córdoba y otras provincias, condición indispensable para avanzar hacia un sistema competitivo, sostenible y con proyección exportadora, capaz de convertir a la alfalfa en un verdadero motor de crecimiento para el país.

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