En algunas zonas de Río Negro y Neuquén, incluso, la cantidad de frutos fue tan elevada que resultó necesario realizar labores de raleo para regular la carga de los árboles y favorecer el desarrollo de las cerezas.
La temporada de cerezas argentinas comenzará con demoras de entre cinco y 15 días debido a las bajas temperaturas registradas durante la primavera. Si bien las perspectivas productivas son alentadoras y el sector espera un crecimiento interanual cercano al 10%, el comportamiento del clima durante las próximas semanas será decisivo para determinar el volumen que finalmente podrá destinarse a los mercados internacionales.
Así lo explicó Aníbal Caminiti, gerente general de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI), en declaraciones al medio Portalfrutícola. Según detalló, las primeras cerezas comerciales, cuya cosecha suele comenzar en octubre, estarán disponibles recién a principios de noviembre.
El retraso presenta diferencias según la región productora. En Mendoza, una de las zonas más tempranas del país, la demora alcanza aproximadamente los 15 días, mientras que en el Valle Medio de Río Negro se estima un atraso de entre cinco y seis días.
En tanto, en Río Negro y Neuquén, regiones que concentran buena parte de la producción nacional y de la oferta exportable, la cosecha comenzaría unos 10 días más tarde de lo habitual, aunque el impacto varía de acuerdo con la localidad, el establecimiento y la variedad cultivada. En Chubut, el retraso rondaría los cinco o seis días, mientras que en las áreas más australes sería menos significativo.
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Buenas perspectivas para la producción de cerezas
A pesar de las demoras, las perspectivas productivas son favorables. Las condiciones invernales beneficiaron al cultivo, en particular por la calidad del frío acumulado durante julio, un factor importante para el desarrollo de los árboles frutales.
Este escenario permitió lograr una buena floración y un cuaje favorable en las distintas regiones productoras, lo que alimenta las expectativas de una campaña con un volumen significativo de fruta.
En algunas zonas de Río Negro y Neuquén, incluso, la cantidad de frutos fue tan elevada que resultó necesario realizar labores de raleo para regular la carga de los árboles y favorecer el desarrollo de las cerezas.
Sobre esta base, Caminiti estimó que, si las condiciones climáticas acompañan, Argentina podría alcanzar unas 8.500 toneladas de cerezas exportables, con posibilidades de superar ese volumen. A esto se suma la entrada en producción de nuevas superficies implantadas, que contribuiría a impulsar un crecimiento interanual cercano al 10%.
Sin embargo, el resultado todavía depende de la evolución del tiempo durante el desarrollo y la maduración de la fruta. Las lluvias previstas, las bajas temperaturas y la escasa radiación solar durante octubre, noviembre y diciembre representan riesgos que podrían modificar las estimaciones iniciales.
En ese sentido, el representante de la CAPCI sostuvo que, por el momento, las perspectivas en materia de volumen son positivas, aunque el resultado definitivo dependerá de las condiciones meteorológicas durante las semanas previas y a lo largo de la cosecha.
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Sanidad y calidad, entre las prioridades de la campaña
Ante este panorama, los productores comenzaron a reforzar los controles sanitarios y las aplicaciones preventivas contra enfermedades fúngicas. El objetivo es reducir los riesgos asociados a la humedad y las precipitaciones, preservando la calidad comercial de la fruta.
Estas tareas serán fundamentales para evitar pérdidas y garantizar que las cerezas cumplan con los requisitos de los compradores internacionales, especialmente en una campaña en la que las demoras podrían concentrar las tareas de cosecha en períodos más acotados.
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China, entre los primeros destinos de exportación
Los primeros embarques al exterior están previstos entre fines de octubre y principios de noviembre, con China entre los destinos iniciales de la temporada.
En este contexto, el desafío del sector no se limita a alcanzar las 8.500 toneladas proyectadas. También será fundamental preservar la calidad de las cerezas y asegurar que lleguen a los mercados internacionales en las condiciones exigidas por los compradores.
De esta manera, la campaña se inicia con buenas expectativas productivas, pero con un factor determinante todavía fuera del control de los productores: el clima. La evolución de las temperaturas, las lluvias y la disponibilidad de radiación solar definirá cuánto de la fruta prevista podrá cosecharse y exportarse en condiciones óptimas.




