La histórica cooperativa SanCor atraviesa su momento más crítico. Tras años de deterioro financiero y productivo, la empresa solicitó su propia quiebra, en un escenario marcado por deudas millonarias, caída de la actividad y una fuerte crisis social.
La presentación se realizó ante la Justicia en Rafaela luego de que el concurso preventivo iniciado el año pasado no lograra encauzar la situación. Con un pasivo que ronda los USD 120 millones, la compañía llegó a un punto de insolvencia que, según coinciden distintos informes técnicos, resulta irreversible en su estructura actual.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina confirmaron que el pedido responde a un cuadro de cesación de pagos sostenido en el tiempo. En ese marco, la situación de los trabajadores se volvió uno de los focos más delicados: la empresa acumula una deuda de ocho meses de salarios, además de aguinaldos, lo que obligó a muchos empleados a sostenerse con mecanismos de asistencia del propio sindicato.
El deterioro no es reciente, pero en los últimos meses se aceleró con fuerza. La producción de la cooperativa se desplomó a niveles mínimos si se la compara con su historia reciente. De procesar cerca de 4 millones de litros diarios en 2017, hoy apenas alcanza una fracción de ese volumen, lo que refleja la magnitud del retroceso y el impacto en toda la cadena láctea.
A ese escenario se sumaron recortes de personal y paralización de plantas en distintas localidades de Córdoba y Santa Fe, regiones clave para la actividad. La pérdida de escala no solo afectó a la empresa, sino que también generó efectos en productores, proveedores y economías regionales vinculadas a la lechería.
En paralelo, los intentos de reestructuración no lograron revertir la tendencia. En los últimos años, SanCor avanzó con la venta de activos, el cierre de unidades y negociaciones con potenciales inversores. Incluso se evaluó la conformación de un fideicomiso para relanzar la compañía, pero ese proyecto nunca se concretó, dejando a la cooperativa sin una salida financiera viable.
La crisis también tuvo impacto directo en la operatoria diaria. Los conflictos salariales derivaron en la paralización de plantas durante varios meses, lo que profundizó la caída productiva y generó pérdidas adicionales en un contexto ya crítico.
El caso de SanCor expone, además, las dificultades estructurales que atraviesa la lechería argentina. Con costos en alza, márgenes ajustados y un consumo interno debilitado, la caída de un actor histórico agrega incertidumbre a toda la cadena.
Desde el gremio sostienen que la quiebra no necesariamente marca un final definitivo, sino el inicio de una nueva etapa en la que la marca podría reconfigurarse bajo otro esquema. Sin embargo, el proceso abre interrogantes sobre el futuro de la empresa y deja al descubierto la profundidad de la crisis que golpea a uno de los sectores más emblemáticos del agro argentino.




