Para asegurar la calidad de las frutas de pepita, el equipo de Poscosecha del INTA Alto Valle monitorea índices de madurez (firmeza, azúcar y color). Esto permite definir la cosecha ideal, extendiendo la vida útil del fruto y mejorando su competitividad comercial todo el año.
La calidad, el potencial de conservación y la logística de las frutas de pepita dependen directamente de su estado de madurez al momento de la cosecha. Por este motivo, el área de Poscosecha del INTA Alto Valle monitorea constantemente los índices de madurez en peras y manzanas.
Determinar el momento exacto de la cosecha es el factor determinante entre un producto de alta calidad y una pérdida económica significativa. La madurez de la fruta no es un evento único, sino un proceso biológico complejo que define el potencial de comercialización y la experiencia del consumidor.
Lo cierto es que la cosecha no es el final del proceso productivo, sino el inicio de la etapa de valor. El uso de índices de madurez precisos es la única herramienta que garantiza que el esfuerzo realizado en el campo se traduzca en una oferta de calidad durante todo el año.
Este proceso biológico se divide en dos fases clave:
- Madurez fisiológica: El fruto es capaz de completar su maduración fuera del árbol hasta alcanzar sus rasgos típicos.
- Madurez organoléptica: El fruto llega a su punto óptimo de sabor, aroma y textura para el consumo.
El manejo poscosecha busca regular los factores que aceleran la respiración y maduración del fruto. Según Gabriela Calvo, investigadora del INTA Alto Valle, elegir el momento de recolección es crucial y debe alinearse con el destino comercial: cosecha temprana para primicias, tardía para consumo inmediato y un punto medio para el almacenamiento prolongado. Calvo subraya que estas decisiones impactan directamente en la calidad y advierte que nunca se debe cosechar antes de que el fruto alcance su madurez fisiológica.

Determinación del índice de madurez en frutales
Para garantizar la calidad de la fruta, es fundamental evaluar su estado de madurez mediante diversos parámetros físicos y químicos. Entre los indicadores más utilizados se encuentran:
- Color de la epidermis: Especialmente el color de fondo.
- Firmeza de la pulpa: Resistencia del tejido al tacto o presión.
- Sólidos solubles y acidez: Indicadores del sabor y contenido de azúcares.
- Degradación de almidón: Transformación de carbohidratos complejos en azúcares simples.
La importancia de la variabilidad
Según Andrea Castro, investigadora del INTA Alto Valle, la relevancia de estos parámetros varía según la especie y los valores óptimos cambian de acuerdo a la variedad. Estos índices permiten:
- Identificar la madurez fisiológica para iniciar la cosecha.
- Evaluar la capacidad de conservación de los frutos.
- Definir el destino comercial de cada lote de producción.




