La metodología también contempla la complejidad del ambiente en el que se encuentran los animales y su acceso a pasturas o forraje, aspectos que contribuyen a determinar las condiciones en las que desarrollan su actividad cotidiana.
El INTA desarrolló, junto con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), dos nuevos protocolos para evaluar el bienestar animal en bovinos, adaptados a las etapas de recría y terminación en sistemas semi-intensivos y extensivos. Las herramientas amplían el alcance de Bienest.AR y permiten analizar las condiciones de alimentación, alojamiento, salud y comportamiento de los animales, mediante 36 y 34 indicadores de evaluación, respectivamente. El desarrollo será presentado en Argentina Alimenta 2026, del 17 al 19 de noviembre, en La Rural de Palermo.
Los nuevos protocolos fueron diseñados para responder a las particularidades de los sistemas productivos argentinos y ofrecer herramientas prácticas para diagnosticar el bienestar de los bovinos en diferentes etapas de su ciclo productivo. De esta manera, el organismo amplía el alcance de Bienest.AR, una metodología desarrollada anteriormente junto con el IPCVA para evaluar animales destinados al engorde a corral.
“Lo que buscamos fue desarrollar herramientas que permitan evaluar el bienestar animal en nuestros sistemas productivos, con indicadores que sean válidos, confiables y prácticos, y que puedan aplicarse en las condiciones reales de los establecimientos argentinos”, explicó Leandro Langman, coordinador del proyecto de bienestar animal INTA-IPCVA y director del grupo de trabajo responsable del desarrollo.
Puedes leer: Del ternero a la carne: cómo la alimentación puede marcar la diferencia en la ganadería
Cuatro principios para evaluar el bienestar animal
La metodología contempla cuatro grandes principios: buena alimentación, alojamiento y sectores de manejo apropiados, buena salud y comportamiento adecuado. A partir de estos criterios se establecieron diferentes mediciones para cada etapa productiva.
El protocolo destinado a la terminación semi-intensiva y extensiva reúne 34 indicadores, distribuidos de la siguiente manera:
- 5 mediciones vinculadas con la buena alimentación.
- 9 relacionadas con el alojamiento y los sectores de manejo.
- 12 correspondientes a la salud de los animales.
- 8 asociadas con el comportamiento.
Por su parte, el protocolo para la etapa de recría incluye 36 mediciones: 6 corresponden a alimentación, 10 a alojamiento y sectores de manejo, 12 a salud y 8 a comportamiento.
Entre los aspectos evaluados se encuentran la distancia, disponibilidad, limpieza y calidad del agua de bebida, el estado de los corrales, potreros y parcelas, la higiene de los animales y la presencia de insectos y parásitos externos. También se analiza la disponibilidad de recursos para prevenir o reducir el estrés provocado por las altas y bajas temperaturas.
A estos indicadores se suman las condiciones de las instalaciones de carga y descarga, la capacidad de los corrales de trabajo, la presencia de lesiones y signos asociados a enfermedades, y las interacciones entre los animales y las personas.

El comportamiento y el estado emocional de los bovinos
Uno de los componentes centrales de las nuevas herramientas es la evaluación del comportamiento animal. Además de registrar las conductas sociales y detectar posibles situaciones de manejo abusivo, los protocolos incorporan un análisis cualitativo del estado emocional de los bovinos, a partir de su comportamiento, postura y contexto.
La metodología también contempla la complejidad del ambiente en el que se encuentran los animales y su acceso a pasturas o forraje, aspectos que contribuyen a determinar las condiciones en las que desarrollan su actividad cotidiana.
“A diferencia de la herramienta de 2021, concebida para el engorde a corral, el nuevo desarrollo contempla las particularidades de los sistemas semi-intensivos y extensivos, así como las asociadas a indicadores relevantes en la etapa de recría. No se trata de trasladar sin modificaciones una metodología existente, sino de seleccionar y ajustar las mediciones para que resulten aplicables a cada modalidad y etapa productiva”, precisó Langman.
Te puede interesar: La Fiebre Aftosa: Una Amenaza para la Ganadería
Validación a campo y confiabilidad de los indicadores
Para definir los indicadores, el equipo de trabajo identificó inicialmente 277 métodos candidatos y avanzó en un proceso de selección, capacitación de evaluadores y análisis de confiabilidad.
La practicidad de las herramientas se comprobó mediante 12 evaluaciones a campo en establecimientos de recría y terminación semi-intensiva y extensiva. Los resultados permitieron realizar ajustes en los protocolos y en las planillas utilizadas para registrar las mediciones.
“Estas herramientas permiten conocer de manera objetiva la situación de cada establecimiento, identificar sus fortalezas y los aspectos que necesitan mejoras, y a partir de ese diagnóstico definir acciones específicas”, señaló Langman.
Los protocolos incluyen, además, distintos anexos para facilitar su aplicación. Entre ellos se encuentran una encuesta previa a la evaluación, la descripción de los sistemas productivos, la revisión de series históricas y la estimación de datos meteorológicos del establecimiento. Esta última información permite contextualizar las mediciones relacionadas con la disponibilidad de recursos para reducir el estrés por calor y frío.
También incorporan planillas específicas de evaluación y secciones introductorias destinadas a orientar a los profesionales que hayan realizado previamente el entrenamiento necesario para utilizar las herramientas.
Una herramienta para mejorar la gestión ganadera
El resultado es un sistema de evaluación integral que puede incorporarse a la gestión cotidiana de los establecimientos. Su aplicación permite obtener un diagnóstico objetivo, identificar oportunidades de mejora, diseñar planes de acción y realizar seguimientos periódicos para conocer la evolución de las condiciones de bienestar animal.
Según Langman, estos protocolos también podrían contribuir a diferenciar procesos y productos dentro de la cadena de la carne bovina y, a futuro, constituir una base para avanzar hacia un sistema de certificación de bienestar animal.
El trabajo se desarrolló en el marco de un proyecto de vinculación tecnológica entre el INTA y el IPCVA. Para su elaboración se tomaron como referencia los protocolos europeos Welfare Quality® (2009) y AWIN® (2015), además de la experiencia previa de Bienest.AR (2021).

El bienestar animal, protagonista en Argentina Alimenta 2026
Los nuevos desarrollos serán presentados en Argentina Alimenta 2026, que se realizará del 17 al 19 de noviembre en el predio de La Rural de Palermo, Buenos Aires. La feria internacional reunirá a más de 300 expositores vinculados con la producción, la industria y la comercialización de alimentos.
En este encuentro, el INTA participará con una propuesta destinada a compartir avances científicos, desarrollos tecnológicos y experiencias de articulación con el sector privado.
Bajo el lema “Aplicando ciencia e innovación en el desarrollo de alimentos”, el organismo organizará dos jornadas técnicas, los días 17 y 19 de noviembre. Investigadores y representantes de empresas abordarán los principales desafíos de las cadenas agroalimentarias, con eje en la innovación tecnológica, la calidad, la inocuidad, la sostenibilidad y el agregado de valor en las distintas etapas de producción y procesamiento.




