Cuidando el cultivo de la yerba mate con control biológico de plagas

El conocimiento de las principales plagas de la yerba mate, los daños que ocasionan y las estrategias para combatirlas resulta fundamental para mejorar el manejo del cultivo y garantizar una producción sostenible. En este contexto, el control biológico y las prácticas culturales ganan protagonismo como alternativas para reducir el uso de productos fitosanitarios y proteger el equilibrio del ecosistema.

Los yerbales que mantienen un adecuado equilibrio natural, mediante un manejo apropiado del suelo, una fertilización equilibrada, prácticas de cosecha adecuadas y la presencia de enemigos naturales, pueden mantener las poblaciones de plagas por debajo del umbral de daño económico. De esta manera, es posible disminuir los ataques de insectos y ácaros y reducir la necesidad de aplicar insecticidas.

En el cultivo de yerba mate se encuentra asociada una amplia diversidad de artrópodos. De acuerdo con los relevamientos, alrededor de 86 especies de insectos se alimentan de distintas partes de la planta. Sin embargo, la mayoría se presenta en niveles poblacionales bajos y no provoca pérdidas económicas significativas.

La tendencia hacia una agricultura con menor utilización de productos químicos, más sostenible y respetuosa con el ambiente también se consolida en el sector yerbatero. Según datos de la Comisión Asesora para la Producción Orgánica, organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, la producción de yerba mate orgánica en Misiones creció un 6 % en poco más de un año, una evolución que refuerza la necesidad de desarrollar herramientas de manejo compatibles con estos sistemas productivos.

Cuáles son las principales plagas de la yerba mate

Desde 2018, investigadores del INTA Montecarlo y de la Universidad Estadual do Oeste de Paraná (Unioeste), en Brasil, trabajan en el desarrollo de alternativas biológicas para controlar las plagas del cultivo. La iniciativa se lleva adelante mediante tres proyectos financiados por el Programa Regional de Asistencia al Sector Yerbatero (PRASY) y el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

“Estamos trabajando tanto con productores de yerba mate orgánica como con productores convencionales que cambiaron su visión y están aportando para el control biológico”, explicó María Elena Schapovaloff, investigadora del INTA Montecarlo y del Conicet.

Entre las principales amenazas fitosanitarias del cultivo se encuentran cuatro grupos: el taladro o tigre de la yerba mate, el rulo o psílido, el marandová u oruga rabuda y los ácaros, entre los que se distinguen el bronceado, el rojo y el blanco.

También existen otras plagas secundarias, como los pulgones (Toxoptera aurantii), la cochinilla cerosa (Ceroplastes grandis), la oruga del cartucho de la yerba mate (Hylesia sp.) y la mosca blanca (Bemisia sp.).

Frente a esta diversidad, los especialistas recomiendan realizar monitoreos periódicos para detectar la presencia de plagas y seguir su evolución. Sin embargo, la falta de estudios específicos sobre los umbrales de daño económico de las principales especies dificulta la toma de decisiones y genera incertidumbre entre los productores.

A esta situación se suma la escasa disponibilidad de herramientas químicas autorizadas para el cultivo, ya que, según el relevamiento citado por el equipo de investigación, solo se contaba con un insecticida registrado ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

Por este motivo, los investigadores destacan la necesidad de incorporar estrategias de control biológico y cultural dentro de un Programa de Manejo Integrado de Plagas (MIP). El objetivo es combinar el monitoreo con distintas técnicas de prevención y control para mantener las poblaciones de organismos perjudiciales en niveles que no comprometan la productividad.

Control biológico: los avances en el manejo del rulo y el taladro

El primer proyecto, con una duración de 24 meses, se enfocó en desarrollar estrategias de control biológico y estudiar el comportamiento de Gyropsylla spegazziniana, conocida como rulo de la yerba mate.

Los ensayos comenzaron en el Laboratorio de Control Biológico del INTA y luego se trasladaron a lotes de productores orgánicos vinculados con la Cooperativa Agrícola Mixta de Montecarlo Limitada. El propósito fue evaluar la eficacia de las estrategias desarrolladas en condiciones reales de producción, validar los resultados y facilitar su transferencia al sector yerbatero.

La iniciativa también permitió fortalecer el vínculo entre la cooperativa y sus asociados. Según Schapovaloff, se conformó un grupo de trabajo que impulsó reuniones para compartir los avances, intercambiar experiencias y transferir los conocimientos obtenidos.

En 2020 se pusieron en marcha otros dos proyectos: uno destinado a evaluar el uso de productos de origen vegetal y del hongo Beauveria bassiana para controlar el rulo de la yerba mate, y otro orientado a identificar y utilizar agentes biológicos y minerales contra el taladro (Hedypathes betulinus).

Los resultados obtenidos hasta el momento mostraron el potencial de estas herramientas, tanto por su eficacia como por la practicidad de su aplicación. Entre las alternativas evaluadas, las trampas amarillas demostraron ser atractivas para los ejemplares adultos del rulo de la yerba mate.

La estrategia busca que los insectos entren en contacto con hongos seleccionados presentes en los dispositivos. Luego, mediante la transmisión horizontal, las esporas —denominadas conidios— pueden propagarse entre individuos de la población, favoreciendo el control de la plaga.

Menos insecticidas y mayor protección de los enemigos naturales

A diferencia del control químico convencional, el control biológico puede contribuir a reducir los riesgos de contaminación de los alimentos, el agua y el suelo, además de disminuir la exposición de las personas y los animales domésticos a determinados productos fitosanitarios. Cuando se implementa correctamente, también puede ofrecer una alternativa específica y sostenible, con menor riesgo de generar resistencia en las plagas.

En este sentido, Schapovaloff destacó que la incorporación de herramientas biológicas permite reducir considerablemente el uso de fitosanitarios y avanzar hacia una producción más sustentable.

No obstante, la investigadora advirtió sobre los riesgos de aplicar insecticidas sin una evaluación previa, debido a que los productos de amplio espectro pueden afectar tanto a las plagas como a sus enemigos naturales.

Por ello, recomendó favorecer la presencia de insectos benéficos mediante la incorporación de plantas con flores durante todo el año en los yerbales. Esta práctica contribuye a ofrecer alimento y refugio a organismos que participan en la regulación natural de las poblaciones perjudiciales.

El desafío consiste en integrar estas medidas con el monitoreo permanente del cultivo para avanzar hacia un Programa de Manejo Integrado de Plagas adaptado a las condiciones productivas de la yerba mate.

El próximo paso: desarrollar bioinsumos para el cultivo

Si bien ya se evaluaron dos productos comerciales elaborados a base de Beauveria bassiana, el equipo de investigación busca ampliar las alternativas disponibles mediante el desarrollo de nuevos bioinsumos.

En el marco de un proyecto iniciado en 2021, los especialistas plantearon realizar ensayos con productos biológicos registrados para otros cultivos y analizar su posible aplicación en la yerba mate. Si los resultados son favorables, estas herramientas podrían ampliar las opciones de control disponibles para los productores.

De esta manera, la investigación busca consolidar estrategias que combinen eficacia, practicidad y cuidado ambiental, con el propósito de reducir la dependencia de los insecticidas y fortalecer la sostenibilidad de la actividad yerbatera.

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