Estudios del INTA Rafaela demuestran que el uso de sensores de precisión facilita la detección temprana del estrés térmico en vacas lecheras. Esto es posible gracias al monitoreo constante de variables clave como la rumia, el consumo, la actividad y la postura corporal.
Las herramientas tecnológicas diseñadas originalmente para detectar celos y enfermedades están demostrando ser fundamentales para otra tarea crítica: anticipar el estrés térmico. Según investigaciones conjuntas del INTA Rafaela y la UNL, el monitoreo automatizado permite actuar antes de que la caída en la producción sea irreversible.
Indicadores tempranos: ¿Qué nos dicen los sensores?
A diferencia de la observación visual, los sensores detectan cambios sutiles en el comportamiento cuando el Índice de Temperatura y Humedad (ITH) supera los 68 puntos. Los investigadores Pablo Viretto y Georgina Frossasco destacan que, ante el calor, el animal activa mecanismos de defensa:
- Caída en la rumia: Es la señal de alerta principal. Una menor rumia indica menor consumo y una alteración en el funcionamiento del rumen.
- Cambios de postura: Las vacas pasan más tiempo de pie para disipar calor, sacrificando horas de descanso.
- Aumento de la tasa respiratoria: El jadeo es una señal tardía; los sensores detectan el incremento de la respiración mucho antes.
- Menos visitas al comedero: El animal reduce su actividad para evitar el calor metabólico de la digestión.
Dato clave: En vacas de alta producción, estos síntomas pueden aparecer incluso antes de alcanzar los umbrales estándar de ITH.

Estrategias de manejo para mitigar el impacto
El estudio, realizado en el tambo robotizado del INTA, subraya que la tecnología solo es efectiva si se acompaña de acciones concretas de manejo:
- Hidratación prioritaria: El acceso a agua limpia y fresca debe ser permanente. Una vaca de alta producción puede requerir más de 100 litros diarios.
- Alimentación inteligente: * Suministrar la ración (TMR) en los horarios más frescos (5:00 – 6:00 h y al anochecer).
- Utilizar forrajes de alta digestibilidad para reducir el esfuerzo metabólico del animal.
- Confort ambiental: Reforzar la disponibilidad de sombra, ventilación y, de ser posible, sistemas de refrescado.
- Atención a vacas secas: El estrés se agrava al final de la gestación, por lo que este grupo también requiere medidas de mitigación urgentes.
La conclusión del equipo INTA, es que la clave del éxito en verano no es esperar a ver a los animales jadeando, sino utilizar la información de los sensores para intervenir de manera anticipada.
Con información: https://www.argentina.gob.ar/




