El mercado cambiario transita semanas de relativa calma en la previa de uno de los momentos clave del año: el ingreso masivo de dólares del agro. Con el tipo de cambio por debajo de los $1.400 y sin presiones visibles, las expectativas se concentran ahora en cómo impactarán la baja de tasas y la mayor liquidez en la economía.
Durante el primer trimestre, el dólar mostró una dinámica contenida, sostenida por una demanda moderada y un flujo constante de divisas. A esto se sumaron factores como la debilidad de las importaciones, el crecimiento de los depósitos en moneda extranjera —que ya rondan los USD 39.000 millones— y el superávit comercial. En ese contexto, el Banco Central logró sostener compras en el mercado de cambios sin generar tensiones, fortaleciendo sus reservas en un escenario de equilibrio delicado.
Más pesos en la economía, ¿riesgo para el dólar?
Una de las claves hacia adelante pasa por la reciente baja de encajes, que implica una mayor inyección de liquidez al sistema financiero. Esta medida, combinada con tasas de interés que corren por detrás de la inflación esperada, abre interrogantes sobre el destino de esos pesos.
Desde Mills Capital advirtieron que “la reducción de encajes del 50% al 45% implica una inyección relevante de liquidez al sistema”, lo que podría traducirse tanto en mayor actividad como en una mayor demanda de activos financieros. En el corto plazo, ese movimiento tiende a relajar las tasas, aunque también podría generar cierta presión sobre el tipo de cambio si no se absorbe adecuadamente el excedente monetario.
El agro, protagonista del segundo trimestre
El foco del mercado está puesto en la llegada de la cosecha gruesa, que suele marcar el período de mayor ingreso de divisas del año. Según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el sector podría aportar alrededor de USD 35.000 millones en 2026.
Para Portfolio Personal Inversiones, este factor será determinante: “A partir de abril, cabe esperar que la liquidación del agro acelere significativamente, permitiendo compras del BCRA de mayor cuantía”. Este flujo reforzaría la oferta de dólares en el mercado y permitiría sostener la estabilidad cambiaria en el corto plazo, incluso en un contexto internacional más volátil. Más allá de la estacionalidad favorable, los analistas advierten que el esquema actual depende en gran medida del ingreso de divisas, tanto comerciales como financieros.
En paralelo, el tipo de cambio real muestra una tendencia a la apreciación. El índice multilateral del Banco Central evidencia una caída cercana a los 10 puntos en lo que va del año, lo que implica una pérdida de competitividad, especialmente para sectores industriales. Sin embargo, este efecto es menos visible en rubros con fuerte superávit externo como el agro, la energía y la minería, que hoy sostienen gran parte del ingreso de divisas.
Un escenario en pausa, pero con desafíos
Con más dólares en camino y una demanda contenida, el tipo de cambio podría mantenerse estable en el corto plazo. No obstante, el equilibrio sigue siendo frágil: dependerá de la capacidad oficial para absorber liquidez, sostener el ingreso de divisas y evitar que la baja de tasas termine trasladándose a una mayor presión cambiaria. El segundo trimestre, con la cosecha como protagonista, será clave para definir si esta calma puede sostenerse o si empiezan a aparecer nuevas tensiones en el frente cambiario.




