La combinación de agua disponible, diagnóstico del suelo y fertilización ajustada a cada lote es clave para transformar las condiciones climáticas favorables en más kilos de grano por hectárea, mejorar la eficiencia productiva y aprovechar el potencial de los cultivos.
Una mayor disponibilidad de agua puede impulsar el rendimiento de los cultivos, pero las lluvias por sí solas no garantizan una mayor producción. Para aprovechar ese potencial, resulta fundamental acompañar las buenas condiciones hídricas con una nutrición adecuada. Especialistas del INTA Balcarce, la Universidad Nacional de Mar del Plata y el Conicet destacaron que ajustar la fertilización según las necesidades de cada lote puede marcar una diferencia significativa en los rindes de maíz, soja y girasol.
Según estudios del INTA, la brecha entre el rendimiento potencial en secano y el que efectivamente alcanzan los productores oscila entre el 30 % y el 50 %. Esta diferencia puede ampliarse en campañas con abundantes precipitaciones cuando la disponibilidad de nutrientes no acompaña el crecimiento de los cultivos.
Fertilización: los nutrientes que pueden marcar la diferencia
Los ensayos realizados por los especialistas demostraron que corregir las deficiencias nutricionales puede generar respuestas productivas importantes, especialmente en suelos con limitaciones para abastecer las necesidades de los cultivos.
En lotes con baja capacidad de suministro de nitrógeno, la fertilización nitrogenada permitió obtener, en promedio, hasta 3.100 kilos adicionales de maíz por hectárea, de acuerdo con las condiciones evaluadas. También se registraron incrementos de hasta 700 kilos de soja por hectárea mediante la aplicación de azufre y respuestas de hasta 2.400 kilos de maíz por hectárea con cinc, en situaciones específicas de deficiencia.
Sin embargo, los especialistas aclararon que estos resultados dependen de las características del suelo, la disponibilidad de nutrientes y las condiciones de cada ambiente. Por eso, los incrementos observados no deben interpretarse como respuestas aseguradas para todos los lotes, sino como evidencia del potencial de la fertilización cuando existen limitaciones nutricionales que pueden corregirse.
El análisis de suelo, el primer paso para mejorar los rindes
Un relevamiento del laboratorio de suelos del INTA Balcarce, realizado entre 2020 y 2026, identificó limitaciones en la disponibilidad de nutrientes como fósforo, nitrógeno y cinc en numerosos lotes del sudeste y sur de la provincia de Buenos Aires.
Frente a este escenario, Hernán Sainz Rozas, especialista del INTA, remarcó la importancia de utilizar el diagnóstico como punto de partida para definir las estrategias de fertilización. Analizar el suelo antes de aplicar fertilizantes permite identificar deficiencias, ajustar las dosis y mejorar la eficiencia en el uso de los nutrientes.
La planificación cobra especial relevancia en campañas con buenas lluvias, cuando los cultivos pueden expresar un mayor potencial de crecimiento y, en consecuencia, demandar una provisión de nutrientes acorde con sus necesidades.

En este contexto, el desafío no consiste simplemente en aumentar la cantidad de fertilizante aplicado, sino en identificar qué nutrientes limitan la producción y corregir esas deficiencias de manera precisa.
La combinación de agua disponible, diagnóstico del suelo y fertilización ajustada a cada lote es clave para transformar las condiciones climáticas favorables en más kilos de grano por hectárea, mejorar la eficiencia productiva y aprovechar el potencial de los cultivos.




