Si las condiciones climáticas permiten concretar la superficie prevista y se mantienen los valores internacionales, el girasol argentino podría convertirse en uno de los cultivos con mejores perspectivas comerciales de la campaña 2026/27.
El recrudecimiento de los ataques entre Rusia y Ucrania contra instalaciones portuarias y buques del Mar Negro está generando un verdadero “terremoto” en el mercado mundial de aceite de girasol. El deterioro de la infraestructura logística de ambos países amenaza con alterar los flujos comerciales internacionales justo cuando comienza a definirse la nueva campaña 2026/27.
El escenario genera especial preocupación porque Rusia y Ucrania concentran una porción decisiva del comercio mundial de aceite de girasol. Según las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), ambos países deberían exportar en conjunto 9,9 millones de toneladas durante 2026/27, equivalentes al 63% de las exportaciones mundiales. Sin embargo, las crecientes dificultades logísticas hacen cada vez menos probable que ese volumen pueda concretarse.
Rusia: una terminal clave permanece paralizada
En Rusia, la principal terminal portuaria vinculada a la industria oleaginosa, gestionada por la compañía EFKO en Taman, continúa sin retomar sus operaciones después de que drones ucranianos provocaran importantes daños en sus instalaciones el pasado 30 de julio.
La infraestructura resulta estratégica para el comercio ruso de aceites vegetales. Alrededor del 60% de las exportaciones rusas de aceite de girasol se canalizan a través de terminales ubicadas en los mares de Azov y Negro.
La alternativa de trasladar esos embarques hacia los puertos del Báltico o del mar Caspio no resulta sencilla. Además de implicar mayores costos logísticos, esos recorridos requieren plazos de entrega más extensos y una compleja reorganización de las cadenas de transporte.
Ucrania también enfrenta un cuello de botella
La situación ucraniana tampoco ofrece demasiadas alternativas. Con los principales puertos del Mar Negro prácticamente paralizados, el país intenta sostener sus exportaciones mediante las terminales ubicadas sobre el Danubio.
Sin embargo, la capacidad de redireccionar los embarques por esa vía es limitada, tanto por restricciones logísticas como por factores climáticos. Uno de los principales problemas es que los niveles del río Danubio se encuentran en mínimos históricos, dificultando el movimiento de grandes volúmenes de mercadería.
De esta manera, la interrupción simultánea de las principales rutas de salida rusas y ucranianas está generando un cuello de botella que amenaza con reducir la oferta disponible en el mercado internacional.
Argentina gana protagonismo
A diferencia de otros productos agrícolas, el mercado mundial de aceite de girasol cuenta con una cantidad relativamente limitada de grandes proveedores. En ese contexto, Argentina aparece como uno de los países que puede beneficiarse del nuevo escenario.
El país es actualmente el tercer mayor exportador mundial de aceite de girasol y, además, presenta una ventaja estratégica: no está expuesto a riesgos bélicos ni a interrupciones logísticas derivadas de conflictos armados.
Por este motivo, la demanda internacional comenzó a mirar con mayor interés al aceite argentino, incorporándolo como una alternativa para diversificar y asegurar el abastecimiento frente a la incertidumbre existente en la región del Mar Negro.
Los precios internacionales comienzan a reflejar la tensión
El impacto de este escenario ya puede observarse en los valores internacionales. El precio FOB oficial “spot” del aceite de girasol crudo a granel, publicado por la Secretaría de Agricultura, se ubicó en US$ 1.364 por tonelada, frente a los US$ 1.314 registrados un mes atrás y US$ 1.300 dos meses atrás.
En otras palabras, el precio internacional del aceite argentino acumula una marcada recuperación en apenas dos meses, en un contexto de creciente incertidumbre sobre la disponibilidad de producto proveniente de Rusia y Ucrania.
El mercado argentino también reacciona
La misma tendencia comienza a trasladarse al mercado interno. Según datos de la plataforma Sio Granos, el viernes pasado el precio promedio negociado por girasol condición cámara en el norte del Gran Rosario alcanzó los $738.744 por tonelada.
Se trata de el valor más elevado registrado en el mercado disponible desde el comienzo de la campaña comercial 2025/26, reflejando la mejora de las cotizaciones y el creciente interés por el cultivo.

Mejores precios para la nueva campaña
Las perspectivas también son firmes para la campaña 2026/27. En los contratos forward de girasol, con entregas previstas a partir de diciembre de 2026, los valores registrados en Sio Granos durante agosto se ubicaron entre US$ 395 y US$ 420 por tonelada para entregas en Rosario, considerando base más diferencial.
Para Bahía Blanca y Quequén, en tanto, los valores se ubicaron alrededor de US$ 380 por tonelada.
Estos precios podrían convertirse en un incentivo adicional para los productores argentinos al momento de definir la superficie destinada al cultivo.
El Niño suma incertidumbre a la siembra
La campaña 2026/27 ya comenzó en algunas regiones. La siembra de girasol arrancó en el NEA, mientras que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta una superficie nacional de aproximadamente 3,0 millones de hectáreas.
Sin embargo, todavía existe incertidumbre respecto de la superficie que finalmente podrá implantarse en la región pampeana. Los excesos hídricos están complicando las decisiones de siembra, en una campaña que estará condicionada además por la presencia de una fase ENSO asociada a El Niño.
El escenario internacional, por lo tanto, presenta una oportunidad para Argentina, pero también desafíos productivos. Mientras el conflicto entre Rusia y Ucrania amenaza con reducir la oferta mundial de aceite de girasol, Argentina aparece como uno de los pocos grandes proveedores capaces de ofrecer mercadería desde una zona libre de riesgos bélicos.
Si las condiciones climáticas permiten concretar la superficie prevista y se mantienen los valores internacionales, el girasol argentino podría convertirse en uno de los cultivos con mejores perspectivas comerciales de la campaña 2026/27.




