La inesperada alianza entre un hongo y ocho virus que podría beneficiar al campo

La agricultura enfrenta el desafío de producir más reduciendo pérdidas y el impacto ambiental, conocer las interacciones microscópicas entre virus y hongos podría convertirse en una nueva herramienta para la sanidad vegetal.

Investigadores del Instituto de Patología Vegetal (IPAVE) del INTA identificaron ocho virus hasta ahora no descriptos en Thecaphora thlaspeos, un hongo fitopatógeno que afecta a especies de la familia Brassicaceae.

Los virus pertenecen al grupo de los micovirus, organismos que viven y se replican dentro de los hongos y que pueden modificar su comportamiento. Según los investigadores, estos agentes pueden influir sobre el crecimiento, la reproducción y la capacidad de los hongos para provocar enfermedades en las plantas.

El hallazgo podría tener importancia para el agro porque, si se determina que alguno de estos virus es capaz de reducir la virulencia de un hongo patógeno, podría convertirse en el futuro en una herramienta de control biológico, con potencial para disminuir el uso de estrategias de manejo de mayor impacto ambiental.

Un hallazgo con impacto potencial en el agro argentino

La investigación también aporta información sobre el género Thecaphora, que incluye patógenos de interés agrícola. Entre ellos se encuentra Thecaphora frezii, agente causal del carbón del maní, una enfermedad de importancia para una de las principales cadenas agroexportadoras de la Argentina.

Los científicos detectaron los ocho virus mediante el reanálisis de información genética que ya se encontraba disponible en bases de datos públicas. Esto demuestra el potencial de las herramientas de análisis genómico para obtener nuevos conocimientos a partir de datos generados previamente.

Además, encontraron que diferentes cepas del hongo presentan distintas combinaciones de virus, lo que sugiere la existencia de un micoviroma particular asociado a cada linaje. Comprender estas relaciones podría ayudar a explicar por qué algunos hongos presentan diferencias en su crecimiento, reproducción o capacidad para causar enfermedades.

Una posibilidad que todavía debe ser comprobada

El descubrimiento no significa que exista actualmente un nuevo tratamiento para los cultivos. El próximo desafío será determinar qué efectos producen estos micovirus sobre el hongo y, especialmente, si alguno puede disminuir su capacidad de provocar enfermedades.

Para llegar a una aplicación en el campo serán necesarias nuevas investigaciones, ensayos y validaciones. Sin embargo, el hallazgo abre una línea de estudio con potencial para desarrollar estrategias de control biológico más precisas y sustentables.

En un contexto donde la agricultura enfrenta el desafío de producir más reduciendo pérdidas y el impacto ambiental, conocer las interacciones microscópicas entre virus y hongos podría convertirse en una nueva herramienta para la sanidad vegetal.

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