jueves, enero 20, 2022

La miel está en jaque a causa del cambio climático

Si la reducción de su población continúa a este ritmo, pronto nos quedaremos sin miel, después sin abejas y por último, posiblemente sin planeta.

El descenso de las poblaciones de abejas a nivel mundial se conoce desde hace más de medio siglo, pero en los últimos años su ritmo se ha acelerado. En Estados Unidos incluso acuñaron el término “síndrome de despoblamiento de las colmenas” por las pérdidas repentinas de sus colonias, un hecho que sucede en otras partes del mundo. Los científicos señalan múltiples causas combinadas para explicarlo, entre ellas, el cambio climático, que está agravando los impactos. 

España es especialmente vulnerable y de manera doble, como señala el informe “Impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático de la apicultura mediterránea”, presentado por la Oficina Española de Cambio Climático (OECC). Por un lado, porque es uno de los países más sensibles del mundo al cambio climático por su ubicación y su tejido socio-económico, muy relacionado con los impactos climáticos. Y, por otro lado, porque es el primer país del mundo en número de colmenas (hay unos 2,4 millones).

En los últimos años, diferentes estudios científicos han señalado el declive de las abejas, asediadas por multitud de amenazas. La producción de miel se reduce porque las abejas están perdiendo su capacidad polinizadora. Esto parece ir en aumento debido a diversas plagas y enfermedades, consecuencia de la pérdida y deterioro de sus hábitats.

Más allá de la miel, nos encontramos el auténtico problema: el descenso de la población mundial de abejas. Una de las consecuencias directamente ligadas al cambio climático está siendo la drástica reducción de polinizadores invertebrados que en gran medida comienzan a enfrentarse a la extinción. En Europa el 37% de las poblaciones de abejas ha disminuido y se calcula que ya ha desaparecido el 90% de esta especie de insectos.

La importancia de la miel y las abejas

Hace muchos años, Albert Einstein dejó escrito que: “Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida. Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”.

Una idea tomada por alarmista que ha calado de forma general y que, sin embargo, jamás fue pronunciada por el científico. El primer registro de esta frase aparece en 1994 en el contexto de una protesta de apicultores en Bélgica. Era parte de un panfleto que, a pesar de no estar escrito por un gran científico, tenía mucha razón y puso esta frase en su boca como estrategia de protesta.

La Real Sociedad de Geografía de Londres y el Earthwatch Institute nombraron a las abejas como ‘los animales más importantes del mundo’, ya que su función ecosistémica es imprescindible para los humanos. El 70% de la agricultura mundial se produce gracias a la acción de las abejas y aproximadamente el 35% de estos productos no existirían si se extinguieran. Pero no solo hablamos de agricultura, ya que haciendo estimaciones globales se calcula que alrededor del 70% de los alimentos que consumimos diariamente depende directa o indirectamente de las abejas.

Otra particularidad que las hace especiales es que son el único ser vivo que no propaga ningún tipo de enfermedad, ya sea a través de hongos, virus o bacterias, dado que no transportan nunca patógenos; además de proveer de alimentos a los humanos son perfectas para convivir con ellos.

Problema y solución

Abejas, abejorros, mariposas y otros polinizadores están desapareciendo a pasos agigantados. Entre los factores de amenaza nos encontramos con el impacto del cambio climático y la industrialización de la agricultura. Fertilizantes y prácticas como los monocultivos están diezmando la población a base de favorecer parásitos, enfermedades y generar una menor disponibilidad y diversidad de alimento.

Debemos cambiar algunos modelos de negocio para evitar la extinción de estos maravillosos seres. Corremos el peligro de menospreciar lo que hacen por nosotros, dado que todos los estudios científicos advierten de la catástrofe que supondría su extinción.

Es fundamental convencer a gobiernos y administraciones de la importancia de promover una agricultura que garantice prácticas ecológicas y sostenibles para proteger el suelo, el agua y el clima. El primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas y ser estrictos con aquellos plaguicidas que puedan afectar a su población.

Aunque no todo son malas noticias. Multitud de estudios están enfrentándose a este problema y aportando posibles soluciones ante su extinción, como dejar la polinización a pequeños drones inteligentes. Sin embargo, lo más consecuente y seguro es salvarlas ahora que estamos a tiempo.

Durante estos últimos meses, la población de polinizadores ha sufrido un pequeño descanso gracias al abandono de ciudades y cultivos debido a la pandemia. Aunque han proliferado gracias a las lluvias, no ha sido suficiente ante el problema global y no se ha reflejado en las cifras de descenso, que se mantienen estables. Aún así, estas cifras nos permiten hacernos una idea de su capacidad de regeneración.

Vía: https://www.ambientum.com/

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