Más allá del trigo: cómo la colza, la carinata y la camelina transforman las rotaciones agrícolas

La incorporación de brasicáceas aparece como una alternativa para mejorar el margen global de la rotación, reducir determinados riesgos ambientales y optimizar el uso de la maquinaria y de los recursos disponibles.

La incorporación de crucíferas o brasicáceas como cultivos de invierno se presenta como una alternativa estratégica para avanzar hacia sistemas agrícolas más diversificados, productivos y sostenibles. Ensayos realizados por el INTA registraron beneficios que van desde una mayor infiltración de agua y una mejora de las condiciones físicas del suelo hasta una liberación más temprana de los lotes, con efectos positivos sobre los cultivos posteriores.

Además, distintas evaluaciones mostraron que la soja y el maíz de segunda pueden alcanzar mejores resultados cuando se implantan después de una brasicácea que sobre secuencias tradicionales basadas en trigo.

Lejos de considerarse un cultivo aislado, la inclusión de estas especies dentro de las rotaciones representa una herramienta para intensificar y, al mismo tiempo, diversificar la agricultura. En este contexto, Leonardo Coll, especialista del INTA Paraná, Entre Ríos, analizó las posibilidades de incorporar crucíferas a las secuencias agrícolas tradicionales y destacó su aporte tanto desde el punto de vista productivo como ambiental.

Leer también: Nuevas oleaginosas ganan terreno en Argentina y empujan una cadena exportadora ligada a los combustibles sostenibles

Intensificación y diversificación, dos claves para la agricultura

Según explicó Coll, los sistemas agrícolas argentinos atraviesan desde hace años un proceso de intensificación, en el que la soja de primera fue perdiendo participación en determinadas regiones para dar lugar a esquemas que incluyen cultivos de invierno seguidos por soja o maíz de segunda.

En algunas zonas, la soja de primera representa actualmente alrededor del 20 al 25 % de la superficie, mientras que ganan espacio las secuencias más intensivas.

Para el especialista, la intensificación permite construir rotaciones más estables y productivas, aunque debe estar acompañada por una mayor diversidad de especies. En este sentido, incorporar diferentes cultivos permite distribuir los riesgos y aprovechar mejor los recursos disponibles a lo largo del año.

Los antecedentes de países vecinos también aportan referencias. En Uruguay, por ejemplo, la colza llegó a ocupar una proporción significativa de la superficie destinada a cultivos de invierno. Las experiencias muestran que la incorporación de una brasicácea puede generar efectos positivos sobre el rendimiento de los cultivos que se implantan posteriormente.

Te puede interesar: ¿Qué es la carinata y para qué se emplea?

Más crucíferas en las rotaciones argentinas

En la Argentina, regiones como Santa Fe, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires avanzan en la incorporación de especies como colza y carinata dentro de las rotaciones de invierno.

Una de las razones es la posibilidad de obtener beneficios agronómicos que van más allá del rendimiento del cultivo en sí mismo. Entre ellos aparecen una menor concentración de determinadas malezas tolerantes, interferencias en los ciclos de algunas enfermedades y una menor inmovilización de nutrientes.

Esta diversificación también permite distribuir los momentos críticos de los cultivos y reducir la exposición de toda la rotación a un mismo evento climático.

Una ventana diferente frente al trigo

Uno de los principales aportes de las crucíferas está relacionado con su ciclo y el momento en que atraviesan sus períodos críticos.

Coll explicó que, en regiones como Entre Ríos, el período crítico del trigo suele ubicarse entre mediados de septiembre y comienzos de octubre. En el caso de cultivos como la colza o la carinata, en cambio, ese período puede ubicarse en momentos diferentes, generando una menor superposición.

Esta característica permite diversificar los riesgos frente a sequías, bajas condiciones de radiación o heladas tardías, ya que no todos los cultivos de la rotación enfrentan simultáneamente las mismas condiciones ambientales.

Por lo tanto, la diversificación no solamente modifica la composición de la rotación: también permite distribuir temporalmente los momentos de mayor sensibilidad de los cultivos.

Raíces que ayudan a mejorar la estructura del suelo

Otro de los aportes destacados se encuentra debajo de la superficie. Las raíces de las crucíferas pueden generar una especie de descompactación biológica, al explorar diferentes sectores del perfil y dejar canales naturales que permanecen disponibles luego de la cosecha.

Estos canales favorecen la circulación y el ingreso del agua al suelo, contribuyendo a mejorar la infiltración y las condiciones físicas para los cultivos posteriores.

La importancia de este proceso aumenta en sistemas donde existen problemas de compactación o estructuras laminares que dificultan el movimiento del agua. En ese sentido, las raíces de las brasicáceas pueden funcionar como una herramienta biológica complementaria para mejorar la estructura y el aprovechamiento del agua almacenada en el perfil.

Menor inmovilización de nutrientes

Los beneficios también alcanzan al funcionamiento químico del suelo. De acuerdo con Coll, el rastrojo de trigo puede generar una inmovilización de nutrientes más marcada que el correspondiente a una brasicácea.

Una de las razones está relacionada con la relación carbono-nitrógeno (C/N) de los residuos vegetales. Al presentar una relación diferente, los rastrojos de las brasicáceas pueden favorecer una disponibilidad más rápida de determinados nutrientes para el cultivo siguiente.

Esto adquiere especial importancia cuando se busca implantar un cultivo de segunda en una ventana ajustada, ya que una liberación más temprana de nutrientes y una mejor condición hídrica del lote pueden contribuir a mejorar el aprovechamiento de los recursos.

Mejores resultados para soja y maíz de segunda

Las evaluaciones realizadas en redes de ensayos aportaron resultados concretos sobre el comportamiento de los cultivos posteriores.

Según los datos presentados por Coll, los rendimientos de maíz de segunda y soja de segunda implantados después de colza u otras brasicáceas fueron superiores a los obtenidos sobre trigo en las experiencias analizadas.

Este comportamiento estaría relacionado con varios factores combinados: mayor eficiencia en el uso del agua, mejor condición física del suelo, menor inmovilización de nutrientes y, especialmente, una liberación más temprana del lote.

Este último punto resulta fundamental para los cultivos de segunda. Cuando la cosecha del cultivo de invierno se demora, la siembra posterior puede desplazarse fuera de su ventana óptima y provocar pérdidas de rendimiento.

En cambio, una brasicácea que permite liberar antes el lote facilita la implantación de soja o maíz dentro de fechas más favorables, reduciendo el riesgo asociado a las siembras tardías.

El desafío: cambiar la mirada sobre las rotaciones

Uno de los principales desafíos para ampliar la superficie sembrada con crucíferas es superar la barrera inicial de adopción y lograr que los productores evalúen estas especies dentro de una estrategia de rotación y no únicamente por su resultado individual.

La propuesta consiste en analizar el comportamiento del sistema agrícola en su conjunto, considerando no solamente el rendimiento y la rentabilidad de cada cultivo, sino también los efectos que una especie genera sobre las siguientes.

En este sentido, las crucíferas pueden aportar una combinación de ventajas: mejor aprovechamiento del agua, diversificación de los períodos críticos, mejora de las condiciones físicas del suelo, disponibilidad más temprana de nutrientes, liberación anticipada de los lotes y mayor flexibilidad para la siembra de cultivos de segunda.

Así, la incorporación de brasicáceas aparece como una alternativa para mejorar el margen global de la rotación, reducir determinados riesgos ambientales y optimizar el uso de la maquinaria y de los recursos disponibles.

Más que reemplazar una especie por otra, el planteo apunta a diseñar sistemas agrícolas más diversos, eficientes y resilientes, donde cada cultivo aporte beneficios que puedan aprovecharse durante toda la secuencia productiva.

Compartir en