La transición energética mundial comienza a abrir una nueva oportunidad para el agro argentino. Cultivos como la carinata, la camelina y la colza empiezan a consolidarse como alternativas estratégicas dentro de un mercado global que demanda cada vez más materias primas destinadas a combustibles sostenibles para aviación.
El crecimiento de estas oleaginosas emergentes no solo modifica los esquemas productivos tradicionales, sino que también impulsa nuevas formas de integración entre el campo, la industria y la logística exportadora.
A diferencia de cultivos históricos como la soja o el girasol, estas cadenas funcionan bajo sistemas más integrados, donde las empresas coordinan desde la provisión de semillas hasta la comercialización final, incluyendo asistencia técnica, certificaciones ambientales y contratos de abastecimiento de largo plazo.
Un modelo pensado para el mercado energético global
El desarrollo de estos cultivos está directamente vinculado al crecimiento del mercado internacional de SAF, los combustibles sostenibles para aviación que buscan reducir las emisiones de carbono del transporte aéreo.
En ese contexto, la producción argentina comienza a posicionarse como proveedora de materias primas para una industria que gana relevancia en Europa y otros mercados que avanzan hacia objetivos más exigentes de descarbonización.
La principal diferencia respecto de otros complejos agrícolas es que las certificaciones ambientales son centrales. Cada etapa de la producción debe quedar documentada para cumplir con las exigencias regulatorias internacionales.
Para ingresar al mercado europeo, tanto los granos como los aceites derivados deben cumplir con la normativa RED III, que exige certificaciones específicas vinculadas a sustentabilidad y reducción de emisiones. Esto obliga a incorporar auditorías, seguimiento logístico y sistemas de control mucho más complejos que los utilizados tradicionalmente en otros cultivos.
Inversiones industriales y agregado de valor
El crecimiento de la demanda global también comienza a impulsar inversiones dentro del país. En el complejo agroindustrial del Gran Rosario ya se incorporaron nuevas líneas de procesamiento para camelina, carinata y canola, con el objetivo de aumentar la capacidad local de molienda y avanzar en el agregado de valor industrial.
Hasta ahora, una parte importante de la producción argentina se exportaba sin procesar hacia Europa, donde luego era transformada en biocombustibles avanzados.
Distintos especialistas del sector estiman que Argentina cuenta con más de 10 millones de hectáreas aptas para expandir este tipo de cultivos, principalmente en zonas agrícolas donde funcionan como alternativa invernal. El impulso internacional llega acompañado por las metas de reducción de emisiones promovidas por organismos como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo y la Organización de Aviación Civil Internacional, que proyectan un fuerte crecimiento de la demanda de combustibles sostenibles en las próximas décadas.




