El estudio realizado por INTA aporta conocimiento sobre un desafío central de la biotecnología agrícola: comprender cómo funcionan los microorganismos benéficos para convertir sus capacidades naturales en soluciones concretas para los sistemas productivos.
Un estudio del Centro de Investigaciones Agropecuarias del INTA reveló que la cantidad de oxígeno disponible durante el cultivo de la bacteria Bacillus velezensis NKG50 puede influir en su actividad antifúngica frente a microorganismos que provocan importantes enfermedades en el garbanzo y el maní.
La investigación analiza específicamente su acción contra Ascochyta rabiei, causante de la rabia del garbanzo, y Thecaphora frezzii, responsable del carbón del maní. Los resultados aportan nuevos conocimientos para comprender cómo producir y aprovechar compuestos naturales con potencial para el control biológico de enfermedades agrícolas.
El trabajo será presentado en el 2° Congreso Internacional de Biotecnología de Córdoba, que se realizará el 10 y 11 de septiembre en el Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba.
Microorganismos que pueden proteger a los cultivos
Algunos microorganismos, en lugar de perjudicar a las plantas, pueden convertirse en aliados para la agricultura. Son capaces de limitar el desarrollo de enfermedades, ayudar a los cultivos frente a situaciones de estrés y producir sustancias con actividad biológica.
En esta línea trabaja un equipo del INTA que estudia microorganismos asociados principalmente con cultivos de maní y garbanzo, con el objetivo de identificar aquellos que puedan contribuir al control de enfermedades y mejorar la respuesta de las plantas frente a condiciones adversas.
La investigación forma parte del grupo MBEBA, una iniciativa interinstitucional dedicada al estudio de microorganismos benéficos y su potencial para desarrollar nuevas herramientas de protección vegetal.
Entre los microorganismos analizados se encuentran especies de Bacillus y Trichoderma, evaluadas frente a enfermedades que afectan al garbanzo y al maní. En este último cultivo también se estudia su posible aporte frente al estrés hídrico.

El oxígeno, una pieza clave
La investigación se concentró en Bacillus velezensis NKG50, una bacteria que ya había demostrado capacidad de biocontrol frente a los hongos responsables de la rabia del garbanzo y el carbón del maní. En estudios previos, la cepa logró reducir el desarrollo de estas enfermedades, incluso en ensayos realizados bajo condiciones de invernadero.
Sin embargo, encontrar un microorganismo con capacidad de biocontrol es solo el comienzo. El desafío consiste en determinar por qué funciona, qué compuestos produce y bajo qué condiciones puede desarrollar al máximo su actividad.
Por ese motivo, los investigadores analizaron qué sucede cuando se modifica una condición fundamental durante el cultivo bacteriano: la cantidad de oxígeno disponible.
El estudio, titulado “Efecto de la oxigenación en la actividad antifúngica de Bacillus velezensis NKG50 frente a Ascochyta rabiei y Thecaphora frezzii”, busca aportar información sobre la relación entre las condiciones de cultivo y la capacidad de la bacteria para producir sustancias con efecto antifúngico.
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Del laboratorio al campo
El siguiente desafío es lograr que los compuestos de interés puedan conservarse, estabilizarse y transportarse de manera adecuada para una eventual aplicación agrícola.
En esta etapa, el grupo trabaja junto con investigadores de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba en el desarrollo de nanoformulaciones biogénicas, una alternativa que busca mejorar la estabilidad y las posibilidades de aplicación de estos compuestos.
La investigación abre así una perspectiva de interés para la agricultura: transformar las capacidades naturales de microorganismos benéficos en herramientas biotecnológicas que puedan contribuir al manejo sustentable de enfermedades de los cultivos.
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Biotecnología aplicada al agro
Los resultados serán presentados durante el 2° Congreso Internacional de Biotecnología de Córdoba, un encuentro que reunirá a investigadores, estudiantes, empresas, startups e instituciones públicas y privadas.
La agenda abordará temas relacionados con la bioagroindustria, los bioalimentos, la bioeconomía circular y las nuevas tecnologías aplicadas a los procesos productivos.
En este contexto, el trabajo del INTA aporta conocimiento sobre un desafío central de la biotecnología agrícola: comprender cómo funcionan los microorganismos benéficos para convertir sus capacidades naturales en soluciones concretas para los sistemas productivos.




