El Gobierno busca mantener la inflación mensual por debajo del 2% durante el resto de 2026, pero el precio internacional del petróleo, los alimentos, las tarifas y el tipo de cambio aparecen como los principales riesgos.
La desaceleración de la inflación sigue siendo una de las principales apuestas económicas del Gobierno, especialmente en un contexto de actividad todavía débil. El objetivo para los próximos meses es sostener el proceso y evitar que el IPC vuelva a superar el 2% mensual.
Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), las proyecciones ubican la inflación entre 1,6% y 1,8% mensual para lo que resta del año. Sin embargo, alcanzar registros todavía más bajos dependerá de la evolución de varios precios sensibles.
El petróleo vuelve a ser una amenaza
Uno de los principales focos de atención está puesto en los combustibles. Después de varios meses de relativa estabilidad, el precio internacional del petróleo volvió a subir con fuerza y el barril Brent llegó a superar los US$100.
Si esa cotización se mantiene, aumentará la presión sobre los precios de las naftas y el gasoil. La política de ajustes graduales aplicada por las petroleras podría amortiguar el impacto, pero una permanencia prolongada del crudo en esos niveles dificultaría sostener los valores actuales en los surtidores.
Alimentos y carne, bajo la lupa
Los alimentos también aparecen como un obstáculo para una nueva baja de la inflación. En agosto, el rubro aumentó 1,8%, ligeramente por encima del nivel general, mientras que la Canasta Básica Total avanzó 2,6%.
La carne suma otro factor de incertidumbre. A la llegada de la primavera y los movimientos estacionales del mercado ganadero se agrega el fuerte ritmo de las exportaciones, que puede generar presión sobre los precios internos.
Tarifas y dólar completan el escenario
Las tarifas fueron uno de los componentes que más aumentaron en agosto, con una suba del 2,8%. Para septiembre, los incrementos previstos son menores, lo que podría contribuir a moderar su impacto sobre el IPC.
El dólar también será determinante. En agosto avanzó poco más de 1%, por debajo de la inflación, y el Gobierno busca evitar movimientos bruscos mediante una política monetaria restrictiva y distintas herramientas de intervención cambiaria.
Con este escenario, el desafío para el Gobierno será sostener la estabilidad cambiaria y contener los precios regulados y de los alimentos mientras enfrenta un petróleo internacional mucho más caro. La meta de mantener la inflación debajo del 2% sigue vigente, pero el margen para una nueva aceleración es reducido.




