¿Problema o negocio? Río Negro busca convertir al jabalí invasor en carne comercial

Debido a que el jabalí constituye un problema creciente debido a su rápida reproducción, competencia con otras especies y capacidad de generar daños en establecimientos agropecuarios se busca controlar a la plaga con un fin comercial.

La Legislatura de Río Negro aprobó el 4 de septiembre de 2026 una nueva Ley Provincial de Carnes que incorpora productos provenientes de fauna silvestre a los circuitos formales de procesamiento y comercialización. La medida, impulsada por el Gobierno provincial, abre la posibilidad de aprovechar comercialmente la carne de jabalí, una especie exótica invasora que genera daños productivos y ambientales en la Patagonia.

El objetivo es transformar un problema creciente para el campo en una alternativa económica, aunque bajo estrictos requisitos de trazabilidad, inocuidad y control sanitario. La nueva normativa reemplaza un régimen con unos 35 años de antigüedad y actualiza las reglas para la faena, elaboración, transporte y comercialización de productos de origen animal.

Del jabalí invasor a una cadena comercial controlada

La legislación establece que la carne de especies silvestres destinada a la venta deberá ser procesada obligatoriamente en establecimientos habilitados, ya sean plantas industriales o salas artesanales. El área provincial de Fauna determinará qué especies podrán comercializarse y cuáles serán sus cupos.

También se establecen requisitos para el traslado y acondicionamiento de los animales. Cuando las piezas no lleguen vivas a la planta, deberán realizarse previamente tareas de desangrado y evisceración, mientras que en el establecimiento serán obligatorios la higienización, el enfriamiento y los controles sanitarios.

La normativa además prohíbe comercializar carne obtenida mediante métodos de captura que provoquen deterioro de la pieza, sufrimiento excesivo o riesgos de contaminación. De esta manera, se busca que el aprovechamiento del jabalí no sea solamente una herramienta de control poblacional, sino también el inicio de una cadena alimentaria formal y trazable.

Una oportunidad para el campo

El jabalí constituye un problema creciente debido a su rápida reproducción, competencia con otras especies y capacidad de generar daños en establecimientos agropecuarios. Por eso, el incentivo económico derivado de su aprovechamiento podría convertirse en una herramienta complementaria para reducir sus poblaciones.

La Federación de Sociedades Rurales de Río Negro respaldó la reforma y destacó que incorpora reclamos históricos de los productores. Desde el sector también remarcaron la importancia de fortalecer la sanidad, la inocuidad y el control de esta fauna.

La aplicación de la ley requerirá la coordinación entre organismos de Salud, Fauna, Transporte, Policía y bromatología municipal, especialmente para garantizar que la carne que llegue al consumidor cumpla con las condiciones exigidas.

Más opciones para pequeños productores

La nueva legislación también busca adaptarse a la diversidad productiva de Río Negro. Contempla salas de faena artesanal, mataderos rurales y frigoríficos de distintas categorías, además de establecimientos dedicados a chacinados, salazones, conservas, lácteos y productos derivados de huevos.

Otro cambio relevante es el reconocimiento del autoconsumo del productor rural. La provincia podrá reglamentar el traslado de carne destinada al consumo familiar mediante una Guía de Tránsito No Comercial, con requisitos de identificación, precinto sanitario, transporte hermético y separación de posibles contaminantes.

En paralelo, la norma incorpora un régimen de inspecciones, sanciones y multas. El desafío será encontrar el equilibrio entre reducir la burocracia para los pequeños productores y mantener controles sanitarios efectivos.

Así, Río Negro apuesta a que una especie considerada problemática pueda convertirse, bajo regulación y controles, en una nueva cadena de valor para el sector productivo, al mismo tiempo que contribuye al manejo de una de las especies invasoras que más presión genera sobre los ecosistemas y la producción patagónica.

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