Se desploma la soja en Chicago y enciende alertas sobre el liderazgo exportador de EE.UU.

Un cóctel de tensiones geopolíticas, menor demanda china y falta de competitividad externa empuja a la baja los precios de la oleaginosa estadounidense.

Los precios de la soja en el mercado de Chicago (CME Group) atraviesan una fuerte corrección bajista que ya refleja el bajo ritmo de ventas externas de Estados Unidos, especialmente hacia China. Al 31 de diciembre, el contrato enero 2026 cerró en 378,6 dólares por tonelada, con una caída diaria de 5,7 dólares, mientras que la posición mayo 2026 retrocedió casi 5 dólares hasta los 389,8 dólares por tonelada. La tendencia negativa también alcanzó a los futuros de harina y aceite de soja, reforzando el sesgo bajista del complejo.

El escenario preocupa porque Estados Unidos podría no cumplir con las exportaciones proyectadas para la campaña 2025/26. Según el USDA, la oferta exportable estimada asciende a 44,5 millones de toneladas, un volumen que luce difícil de alcanzar sin una reactivación significativa de las compras chinas, que por ahora avanzan a cuentagotas en un contexto geopolítico cada vez más tenso.

A este frente externo se suma un problema de competitividad interna. El precio FOB de la soja estadounidense en el Golfo de México resulta elevado, presionado por la fuerte demanda de la industria aceitera local, que absorbe crecientes volúmenes de poroto para abastecer la producción de biodiésel. El USDA proyecta que el consumo de aceite de soja en EE.UU. alcanzará 13,4 millones de toneladas en 2025/26, frente a 12,2 millones en el ciclo previo, impulsado por incentivos regulatorios y fiscales.

Este doble condicionante —geopolítica adversa y menor competitividad exportadora— está llevando a muchos operadores a desarmar posiciones en futuros de soja, profundizando el proceso bajista. En paralelo, el Gobierno estadounidense activó un paquete de ayuda extraordinaria por 12.000 millones de dólares para el agro: en el caso de la soja, el subsidio alcanza los 30,88 dólares por acre (76 dólares por hectárea), una señal clara de la magnitud de la crisis que enfrenta el principal productor mundial.

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