Se encienden las alarmas por El Niño: dos países ya declararon la emergencia

El fenómeno climático no solo afecta la disponibilidad de agua para la población, sino que también genera preocupación por la producción agrícola, el transporte marítimo, la generación de actividad económica y la seguridad alimentaria.

El avance de El Niño comienza a generar consecuencias cada vez más visibles en Centroamérica, donde la reducción de las precipitaciones y las temperaturas elevadas están profundizando las condiciones de sequía en distintas zonas.

Uno de los principales problemas está relacionado con la menor disponibilidad de recursos hídricos. La combinación de lluvias por debajo de los valores habituales y una mayor demanda de agua debido a las altas temperaturas está ejerciendo presión sobre ríos, embalses, reservorios y fuentes destinadas al abastecimiento de las poblaciones.

El Niño golpea a Centroamérica: Panamá y El Salvador declaran la emergencia

Panamá y El Salvador declararon la emergencia ante los impactos de El Niño, un fenómeno que está modificando los patrones de lluvia y temperatura y que ya genera consecuencias sobre la agricultura, los recursos hídricos y la navegación marítima.

El Niño se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, capaz de alterar la circulación atmosférica y generar cambios significativos en las precipitaciones y las temperaturas a escala global. La combinación con el calentamiento global provocado por la actividad humana aumenta la preocupación por la posible ocurrencia de eventos meteorológicos extremos.

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Panamá: menos agua para el Canal

En Panamá, el Gobierno declaró el estado de emergencia para agilizar la respuesta frente a los impactos económicos y ambientales del fenómeno. Mientras las lluvias aumentaron en torno al 25% en el Caribe, en el Pacífico se registró una disminución cercana al 60%.

La falta de precipitaciones está reduciendo la disponibilidad de agua para el Canal de Panamá, que depende de reservas hídricas para permitir el tránsito de los barcos. Como consecuencia, desde el 3 de septiembre los cruces diarios se reducirán de 36 a 34 buques, y posteriormente bajarán a 32 embarcaciones por día.

El Salvador: sequía y pérdidas agrícolas

En El Salvador, Protección Civil declaró alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio nacional. La medida busca reforzar el monitoreo de las fuentes de agua y los cultivos y detectar comunidades en situación crítica.

El país atravesó una sequía generalizada y temperaturas excepcionalmente elevadas, con 14 récords de temperatura registrados en agosto. La falta de lluvias ya provocó pérdidas en la agricultura y llevó al Gobierno a anunciar asistencia alimentaria para familias afectadas.

Los productores estiman que la primera cosecha de granos básicos podría sufrir pérdidas cercanas al 20%. La situación también es preocupante en Honduras, donde la sequía afectó cultivos de maíz y frijol, mientras gran parte del territorio permanece bajo alerta.

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Crece el riesgo para la seguridad alimentaria

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte que Centroamérica podría estar entre las regiones más afectadas por el aumento de la inseguridad alimentaria asociado a El Niño.

La combinación de sequía, temperaturas extremas y pérdidas agrícolas representa una amenaza para la disponibilidad de alimentos y el acceso al agua. Al mismo tiempo, el fenómeno puede generar lluvias excesivas e inundaciones en otras regiones.

El escenario mantiene en alerta a las autoridades porque la evolución de El Niño durante los próximos meses será determinante para la magnitud de sus impactos sobre la producción, los recursos hídricos, la infraestructura y la seguridad alimentaria.

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El impacto en el agro de las regiones

El impacto también comienza a trasladarse al sector agropecuario. La falta de lluvias puede reducir la humedad disponible en los suelos y complicar la implantación y el desarrollo de diferentes cultivos. Maíz, frijol, arroz y otros productos básicos de la alimentación regional pueden quedar expuestos a pérdidas de rendimiento si las condiciones secas se prolongan durante las etapas más sensibles del ciclo productivo.

A esta situación se suma el riesgo de que los productores enfrenten mayores costos para acceder al agua, especialmente en las zonas que dependen de sistemas de riego. Una temporada con precipitaciones insuficientes también puede afectar la disponibilidad de pasturas y aumentar la presión sobre la ganadería.

Pero los efectos de El Niño van mucho más allá del campo. La reducción de los niveles de agua puede complicar el transporte marítimo y fluvial, generando restricciones para la circulación de embarcaciones y afectando las cadenas logísticas y comerciales. En determinadas rutas estratégicas, un menor nivel de los cursos de agua puede obligar a reducir la carga transportada, incrementar los costos y generar demoras.

El escenario representa además un desafío para la seguridad alimentaria. Cuando la sequía afecta simultáneamente los rendimientos agrícolas, la disponibilidad de agua y la logística, aumenta el riesgo de que disminuya la oferta de determinados alimentos y se produzcan incrementos de precios.

Los especialistas siguen con atención la evolución del fenómeno debido a que la duración y la intensidad de El Niño serán determinantes para establecer la magnitud de sus impactos. Si las condiciones secas persisten, la presión sobre los recursos hídricos y los sistemas productivos podría aumentar durante los próximos meses.

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